lunes, 9 de marzo de 2020

VERANO EN BROOKLYN, DE IRA SACHS


El director Ira Sachs, originario de Memphis, consiguió con esta deliciosa e intimista película, arrasar en el Festival de Sundance e incluso en el de San Sebastián en el año 2016. Y sólo hay que verla para entender por qué. Con una apariencia de film independiente, esta pequeña película, con el título original de “Little men”, hace un retrato híper realista de una situación que se sitúa en el Brooklyn del siglo XXI, pero que podría extrapolarse a cualquier gran capital de nuestro primer mundo: una familia burguesa intelectual venida a menos, compuesta por un padre, Brian (el siempre solvente Greg Kinnear), una madre, Kathy (Jennifer Ehle) y su hijo Jake (fantástico y sensible Theo Taplitz) se trasladan a  vivir a una casa de Brooklyn desde Manahattan debido a que les ha tocado en herencia después del fallecimiento del padre de Bryan.

En la planta baja del edificio hay una local que también es de su propiedad y que el padre tenía alquilada a una mujer chilena, Leonor (Paulina García, excelente y reconocida actriz), que tiene un hijo de la edad de Jake llamado Tony (interpretado por Michael Barbieri, también excelente), y que regenta una tienda de ropa en el local. Los problemas surgen cuando los nuevos inquilinos descubren que Leonor está pagando una renta muy baja por el espacio y deciden subirle el alquiler tanto que la pobre mujer no puede afrontarlo. Este hecho creará una serie de fricciones que afectarán de forma definitiva a la convivencia y, por supuesto, a la relación de los dos adolescentes que se han convertido rápidamente en inseparables.
El argumento es básicamente éste, pero la magia de “Verano en Brooklyn” reside en su forma de narrarlo, sencilla y directa, sin artificios y con unos diálogos inspirados directamente en la cotidianidad. Y, por supuesto, también es responsabilidad del coguionista de la historia junto al propio Sachs, el brasileño Mauricio Zacharias, y del director de fotografía Óscar Durán, que consigue dar a la historia una imagen universal dentro del peculiar entorno de Brooklyn.
Sin embargo, la película deja un regusto agridulce al hablar de forma tan directa y realista de temas tan actuales como la gentrificación o el aburguesamiento de los barrios populares, y, sobre todo, por cómo afrontan los adultos del film estos temas espinosos, que sirve al fin y al cabo como ejemplo a sus hijos del funcionamiento del libre mercado de esta sociedad neo liberal que hemos creado ente todos.


DOCTOR SUEÑO, DE MIKE FLANAGAN


El joven, aunque ya curtido en el género del cine de terror, director estadounidense Mike Flanagan fue el encargado de llevar a la pantalla grande la novela de Stephen King del mismo título, que el escritor había publicado en 2013. En ambos casos se trata de una secuela de la mítica “El resplandor” una de las mejores películas de terror de todos los tiempos.
Esta vez, el protagonista del film es Danny Torrance (el hijo del protagonista de “El resplandor”, el escritor Jack Torrance interpretado por Jack Nicholson, en el papel que marcó su carrera), al que da vida Ewan McGregor. La acción nos sitúa en el año 2011, treinta años después de los hechos del Hotel Overlook que cambiaron su vida para siempre. Su madre ha fallecido y Danny es ya un hombre adulto que se refugia en el alcohol para intentar acallar ese “resplandor” que le puso en contacto con presencias sobrenaturales malignas en el pasado. Pero él no es el único con ese don y recibe mensajes de una niña que también lo posee, Abra Stone. Juntos tendrán que luchar contra unas fuerzas del mal con reminiscencias vampíricas lideradas por la inquietante Rose la Chistera, interpretada por la actriz sueca Rebecca Ferguson.

Ese sería en pocas palabras el argumento de “Doctor Sueño”, una película más del género de terror fantástico en la que su encanto radica, precisamente, en ser secuela de “El resplandor”, y que, en mi opinión, no tiene nada más remarcable que el morbo de ver qué ha sido de Danny después de la traumática y aterradora experiencia vivida en el hotel Overlook cuando era un niño.
Es curioso volver a ver cobrar vida a los escenarios (y algunas escenas y personajes) del clásico de 1980 del gran Stanley Kubrick, pero, obviamente, ni Falanagan es Kubrick ni estamos en 1980. Nuestra capacidad de asombro se ha reducido y es necesario algo más que una buena fotografía y unos excelentes efectos especiales para entrar en el olimpo de las obras remarcables, como lo es “El resplandor”.
“Doctor Sueño” es una película correcta en su planteamiento y desarrollo argumental en la que, paradójicamente, lo mejor es un elemento que no aparecía en su antecesora, el personaje de Abra, interpretado por la debutante Kyliegh Curran. Sin embargo, me pregunto si eso es responsabilidad de la película o directamente del argumento de la novela. Ahí lo dejo.

EL REGRESO DE MARY POPPINS, DE ROB MARSHALL


El director y coreógrafo estadounidense Rob Marshall fue el encargado en 2018 de llevar a la gran pantalla la continuación de la historia de la niñera más famosa del cine (con permiso de Rebecca de Mornay) más de cincuenta años después de la película original de 1964, el clásico de Disney “Mary Poppins”.
Para ello, Marshall situó la acción en el mismo número 17 de Cherry Tree Lane de la ciudad de Londres, en el que acababa la película original y donde vive la familia Banks. Pero veinticinco años después las cosas han cambiado en casa de la peculiar familia y los niños Michael y Jane son dos adultos hechos y derechos. Ella (Emily Mortimer)  una joven y atractiva mujer implicada en temas sociales y él (Ben Whishaw) un joven viudo y padre de tres hijos con problemas financieros que vive con la niñera Ellen (Julie Walters), que le echa una mano con los niños, además de cuidar de la casa. A punto de sufrir un desahucio, todo parecen ser problemas en la familia, por lo que de nuevo hace su aparición la niñera que ya los salvó muchos años antes. Mary Poppins (Emily Blunt) regresa para poner orden… y magia en la vida de esta desestructurada prole.

“Mary Poppins”, dirigida en 1964 por el colaborador habitual de Disney en los 60 Robert Stevenson, es una de las películas más populares de la factoría (estuvo nominada a trece premios Oscar y consiguió llevarse cinco, entre ellos el de mejor actriz) y, por supuesto, la más popular de sus clásicos no animados. Marcó a toda una generación de niños y niñas y no fuimos pocos los que soñamos alguna vez con tener a una niñera tan cómplice y divertida como ella, capaz de poner orden en la habitación más desordenada tan solo con batir las palmas y cantar una ocurrente canción. Aunque después hemos sabido que fue una tarea ardua para el avispado Walt Disney conseguir que la creadora del personaje, la escritora australiana Pamela L. Travers, le vendiera los derechos de los libros sobre Mary Poppins, lo que logró después de años de insistencia a cambio de lo que hoy vendrían a ser algo más de dos millones de euros. En el año 2013 se estrenó “Al encuentro de Mr. Banks”, un biopic a cargo de John Lee Hancock en el que se narra la tensa relación de Disney y Pamela L. Travers y todo el proceso que acabó con la filmación de “Mary Poppins”. Según la película, aunque era amiga personal de Julie Andrews, Travers siempre se arrepintió de haberle vendido los derechos de su personaje a Disney porque pensó que el cineasta había realizado una película demasiado optimista, y se horrorizó ante las escenas de animación contenidas en el filme.
Por esta razón fue un auténtico acontecimiento, celebrado por muchos, la vuelta al cine con todos los honores de Mary Poppins en una nueva historia y no un simple remake. Con una deliciosa ambientación, un sólido guion y unos fabulosos y coloridos efectos especiales. Y por supuesto, un efectivo casting que incluía a Meryl Streep, Colin Firth y apariciones especiales de Dyck Van Dyke (el deshollinador Bert en el filme de los 60), Angela Lansbury y el gran actor británico David Warner (por una vez no haciendo de malo malísimo, eso se lo deja a Colin Firth). Mención aparte merece el dramaturgo, actor, letrista y cantante Lin-Manuel Miranda que hace una muy buena interpretación de su personaje Jack, heredero directo del deshollinador Bert de la primera parte.
Pese a la buena acogida por parte de crítica y público, la recepción de “El regreso de Mary Poppins” fue mucho más tibia que su antecesora y a pesar de recibir varias nominaciones en los Oscar, Globos de Oro y Premios de la Crítica, no consiguió llevarse ninguno. Sin embargo, creo que es una digna heredera de la historia de Mary Poppins, aunque seguramente tampoco habría sido del agrado de P L. Travers.
Sin embargo, después de visionar el filme, no me queda ninguna duda de que Emily Blunt es una más que digna Mary Poppins que llega a conseguir que olvides que una vez tuvo la cara de Julie Andrews. No se puede pedir más.

CIAO Y PIT STOP, DE YEN TAN


Hoy quiero hablar de dos películas preciosas, de corte intimista, casi documental. Ambas son del mismo director, rodadas con cinco años de diferencia. A pesar de que son dos films que no comparten argumento y personajes, tienen muchos puntos en común aparte de la temática homosexual, pues he descubierto que reflejan el personal modo de hacer cine de su director, Yen Tan, de origen malayo pero afincado en Dallas (Texas) desde hace casi treinta años.

Yen Tan es director, guionista y productor y vive en Estados Unidos desde los diecinueve años, así que ha crecido y se ha desarrollado como persona y como profesional en un país, y concretamente un estado, que yo creo que le han marcado sin duda. De hecho, su modo de hacer cine entronca con cierta tradición de cine indie norteamericano de los 90, con títulos tan significativos como “Buffalo’66”, “Smoke” o las películas de Kevin Smith, por nombrar algunos.
“Ciao” (2008) y Pit Stop (2013) son films rodados sin alardes técnicos ni grandes nombres (en el sentido comercial), pero tienen a su favor unas historias tremendamente humanas y unos actores y actrices que están tan inmensos que te hacen olvidar que forman parte de una ficción. Además, Yen Tan nos habla de emociones y situaciones universales, que todos hemos sentido en alguna ocasión: el amor, el desamor, la pérdida, el deseo…. En realidad, poco importa que sea en el contexto de la homosexualidad, en este caso masculina.
En “Ciao” asistimos al encuentro de dos hombres, que tienen en común a un tercero, que ha fallecido en un accidente de tráfico. A raíz de este hecho se conocen su amigo de toda la vida y su actual amante, al que había conocido por internet. Con esta premisa, Yen Tan (que escribió la historia junto a uno de los actores del film, Alessandro Calza) nos describe la situación que viven los dos hombres y el encuentro que tienen en el que el recuerdo de su amigo común es el nexo de unión. Adam Neal Smith (Jeff, el amigo de toda la vida) y Alessandro Calza (Andrea, el nuevo amante) realizan un trabajo actoral soberbio en el que se olvidan de las cámaras que los están filmando, aunque ahí están para captar esos primeros planos de partes de su cuerpo y su cara que ayudan a dar más énfasis emocional a las escenas. A pesar de su sencillez, o incluso por eso, la contemplativa fotografía de la película es a menudo pictórica.
Todo lo descrito anteriormente también se puede aplicar a “Pit Stop”, otra historia de hombres, esta vez asfixiados emocionalmente en una pequeña ciudad de Texas (pareciera que Yen Tan se mueve bien en aguas autobiográficas). Por un lado está Ernesto (Marcus DeAnda), un hombre seco y estoico que comparte su casa con su ex pareja que nunca acaba de marcharse de casa, y por otro Gabe (Bill Heck), un atractivo y sensible padre de familia que comparte su vida con su ex mujer (Amy Seimetz) y la hija de ambos. En el pasado Gabe tuvo una historia con otro hombre (al que sigue emocionalmente unido) que dinamitó su matrimonio aunque no su relación personal con su mujer. Mientras manejan sus vidas y sus difíciles vicisitudes personales como pueden, Gabe y Ernesto son clientes de la misma pequeña tienda de un área de servicio, aunque nunca se han cruzado.
El cine de Yen Tan es costumbrista y descriptivo, intimista y personal, y a veces le veo destellos del mejor Rohmer. Me gusta especialmente porque no juzga a sus personajes. Pareciera que Yen Tan los colocara en el escenario de la acción y entonces se acercara con su cámara (invisible) para registrar lo qué sucede y cómo evolucionan, como si no fuera un guion y ellos gozaran de libre albedrío. Sólo por esto se merece estar entre mis contadores de historias favoritos.



JOKER, DE TODD PHILLIPS


La última película del neoyorquino Todd Phillips se ha convertido en la sensación cinematográfica de los últimos meses. Con la excusa de mostrar los orígenes del personaje de Joker, Phillips (autor también del guion, coescrito junto a Scott Silver) ha construido un film en el que algunos ven una alegoría de nuestra sociedad actual, otros un extraño alegato en contra de esa felicidad vacía que exponemos constantemente en las redes sociales, e incluso los hay que se han sentido ofendidos porque no han encontrado ni rastro del personaje de DC Comics que esperaban. Sea como fuere, Phillips está acostumbrado a arrasar con sus (irreverentes) películas, es el autor de la trilogía “Resacón en Las Vegas”, y con su no menos irreverentes versión de “Starsky & Hutch”. Y esta vez no se iba a quedar a la zaga.

Pero, para ser honestos, hay que reconocer que aunque el guion es excelente, así como la fotografía e incluso la música (a cargo de la chelista islandesa Hildur Guonadóttir, que ha compuesto una partitura que aporta un sumamente inquietante ambiente a muchas de las escenas, acorde con el clima general de la película), “Joker” es Joaquim Phoenix. Así, directamente. Esa mirada, esa forma de moverse, ese rictus en la boca, esas manos… ¡¡¡esa risa!!! Sólo él podía hacer un retrato tan personal y tan ambivalente de un personaje de comic que ha tenido tan diferentes reencarnaciones, y todas tan personales, a su vez. Pero Joaquim Phoenix va más allá; recoge el histrionismo de Jack Nicholson y la vulnerabilidad de Heath Ledger y los pasa por un filtro en el que nos remite a ciertas actitudes del Travis Bickle de “Taxi Driver”, el Norman Bates de “Psicosis” e incluso del William Foster de “Un día de furia” y, con el espíritu más danzarín de un Marcel Marceau desatado, reconstruye un Joker absolutamente inquietante que provoca pena, rechazo, simpatía, miedo, y no sé cuántas emociones más.
Po otro lado, los personajes secundarios, por llamarlos de alguna manera, pero esenciales para el desarrollo argumental, hacen un trabajo absolutamente memorable, empezando por un caracterizado Robert de Niro (en el papel del egocéntrico Murray Franklin. La escena de su asesinato es sobrecogedora) y siguiendo con la madre del protagonista, interpretada por Frances Conroy (que debe su popularidad a “A dos metros bajo tierra”), que aporta ese grado de desequilibrio emocional que tan bien sabe dar a su interpretaciones. En menor grado, Zazie Beetz (en el papel de Sophie, la vecina de Arthur/Joker, con la que tiene una esquizofrénica fantasía) y el televisivo Brett Cullen (fue uno de los personajes de “Falcon Crest”, allás por los 80), que pone cara (en sustitución de Alec Baldwin) al padre de Batman, el soberbio y filantrópico millonario Thomas Wayne. Ambos ofrecen remarcables interpretaciones en las que brilla el talento.

Además de esta denuncia social que, indudablemente, también está en “Joker” y que tiene muchas conexiones (a pesar de que las historia transcurre a principios de los 80) con nuestro momento actual, Todd Phillips trata de mostrar el origen de la legendaria maldad del Joker y lo consigue, aportando un escalofriante primer encuentro con el que será el futuro Batman, en el film un niño llamado Bruce Wayne, hijo también del que cree que es su propio padre, según la versión que le ha dado su desequilibrada (al principio no sabemos este dato) madre.
Esa escena y el posterior, y ya sabido, asesinato de los padres de Batman en un callejón son los únicos datos que nos hacen recordar que estamos asistiendo a una película sobre un personaje de cómic de la factoría DC Comics. Y esto me parece una virtud, el hecho de construir un relato con tal solidez y entidad que la historia consigue atraparte por completo, haciéndote olvidar la abundante, y manida, información que ya manejamos sobre el personaje de Joker.
Muchas voces ya hablan del film como una obra maestra e incluso como un film de culto. Ya lo veremos, tiene que reposar. De momento me parece una gran película.







I AM MOTHER, DE GRANT SPUTORE



“I am mother” no es una película distópica más. De hecho, de entre los últimos estrenos (es de este mismo año) dentro de este género tan popular últimamente creo que es de las más interesantes. Y eso teniendo en cuenta que es la ópera prima de su director dentro del largometraje, por lo que ha sido todo un lujo que su “I am mother” se presentara en el prestigioso Festival de Cine de Sundance, con una gran acogida de crítica y público.

Con guion de Michael Lloyd Green, también proveniente del mundo de la televisión y el corto, nos sitúa en un posible futuro en el que la Tierra ha sufrido una extinción masiva. Dentro de una especie de futurista complejo vive aislada la robot Madre (con la voz de Rose Byrne) que cría a la humana Hija (la danesa Clara Rugaard) con el objetivo de repoblar la Tierra en el futuro; educándola y formándola para que sea superior en todos los sentidos a los hombres y mujeres que habitaban la Tierra antes de la catástrofe. La irrupción en este mundo aséptico e idílico de una mujer que llega del exterior huyendo de un peligro (Hillary Swank) hace que una Hija ya adolescente se replantee todos los principios que Madre le ha ido inculcando a lo largo de su corta vida.
A pesar de que la historia es pura ciencia ficción (en realidad más que distopia), “I am mother” expone temas que llevan a la reflexión, por lo que ya justifica su existencia. Es curioso el hecho de que el complejo donde viven Madre e Hija haya sido creado previamente por los propios humanos que luego han resultado extinguidos (para entender esta teoría del todo hay que visualizar la película). Incluso la propia Madre es una creación de los humanos y todo el proceso para el nacimiento de futuros humanos también ha sido diseñado por las mentes de los científicos. Por lo tanto, es de suponer que si las propias personas han creado todo ese mundo en el que viven las protagonistas es porque no se fiaban demasiado del modo de proceder de la raza humana. Pero lo dicho, una vez vista la película al completo ya sacaréis vuestras propias conclusiones o teorías. Lo cual me parece sumamente estimulante.
Por otro lado, el buen sabor de boca que deja “I am mother” no sólo radica en la historia, la puesta en escena y la fotografía (por demás, excelentes), sino que el gran peso recae en el carisma de sus dos protagonistas (lo siento por Hillary Swank, la tercera en discordia, pero me parece que su interpretación es simplemente un agente provocador de una nueva trama dentro de la historia. Dicho esto, nada que objetar a su interpretación). La personalidad de Madre se debe al fantástico trabajo vocal de la actriz Rose Byrne y la joven actriz de 21 años Clara Rugaard consigue dotar a Hija de una profundidad y una delicada fuerza interior que convierten a “I am mother” en una fascinante carta de presentación de lo que podría significar su futuro trabajo como actriz, por el que ya ha recibido amplio reconocimiento.






JANE EYRE, DE CARY JOJI FUKUNAGA


Con permiso de las anteriores adaptaciones de la célebre novela de Charlotte Brontë (entre ellas el clásico de los años 40 de Robert Stevenson, protagonizada por Joan Fontaine; y una más reciente a cargo de Franco Zeffirelli con Charlotte Gainsbourg al frente), la “Jane Eyre” de 2011, de momento la última, me parece la definitiva, por no decir la mejor. Creo que el joven director Cary Joji Fukunaga ha conseguido recrear el asfixiante e hipnótico mundo de Brontë de una manera ejemplar, con una atractiva sobriedad que la da a la película una pátina de atemporalidad que trasciende el momento en que fue rodada.

Quizá era esta forma de hacer cine la que necesitaba la adaptación a la pantalla de este clásico de la literatura romántica, con una puesta en escena elegante y comedida, lejos de la artificiosidad y el barroquismo de anteriores adpataciones.
Realmente, Fukunaga, director norteamericano de herencia japonesa y sueca, se ha rodeado de un magnífico equipo con el que ha conseguido construir una auténtica obra de autor, a la que no son ajenos los actores: una magnífica y contenida Mia Wasikowska en el papel de Jane Eyre y el atractivo (y un pelín sobrevalorado) Michael Fassbender como el torturado Edward Rochester. Y entre los secundarios no podemos dejar de mencionar a Judi Dench y Jamie Bell en dos papeles definitivos, y magníficamente interpretados, para la historia.
La dramaturga y actriz Moira Buffini ha sido la encargada de convertir en guion la novela de Charlotte Brontë y el brasileño Adriano Goldman (que ya trabajó con Fukunaga en su primer filme, “Sin nombre”) firma la exquisita fotografía de la película, con escenas tan bellas en ocasiones que son casi pictóricas. Mención aparte merece la banda sonora, una bellísima y sugerente partitura del premiado compositor italiano Dario Marianelli, autor también de la música de películas tan populares como “V de Vendetta”, “Los hermanos Grimm” o “Agora”, entre otras muchas.
Con todos estos elementos, “Jane Eyre” se convierte es un auténtica delicia para los sentidos, independientemente de si eres o no admirador de la triste historia de la huérfana Jane, que acaba trabajando como institutriz en la gran mansión del siniestro Sr. Rochester, rodeada de un paisaje abrupto y difícil, y que a pesar de todas las vicisitudes es capaz de ser fiel a sí misma y a sus principios y, precisamente gracias a ello, consigue salir airosa de las situaciones más terribles.
Así, que, desde aquí, os recomiendo su visión, en caso de que se os pasara por alto en el momento de su estreno. Realmente merece la pena pasar dos horas sumergidos en el asfixiante universo de Charlotte Brontë.

TAL PARA CUAL, DE JOHN HERZFELD


Esta peculiar película romántica de tintes fantásticos estrenada en 1983 bien podría tener el subtítulo “Danny y Sandy en Nueva York cinco años después”, pues sus protagonistas son John Travolta y Olivia Newton-John y se ve muy claramente que fue un intento de volver a repetir el éxito que la química de sus protagonistas consiguió en “Grease”.

Pero nada más lejos de la realidad. Ni el argumento tenía el enganche del popular musical de Broadway, ni John Herzfeld era Randal Kleiser, especialista en llevar historias de amor adolescente a la gran pantalla (hay que recordar que su otro gran éxito como director fue “El lago azul”).
La verdad es que “Tal para cual” empieza con una premisa original y arriesgada: Dios ha estado ausente del cielo durante veinticinco años, y durante ese tiempo se han encargado de poner orden cuatro ángeles (los fabulosos actores secundarios Scatman Crothers, Charles Durning y Ernie Hudson y la fantástica Beatrice Straight, presente en tantas producciones). Pero cuando Dios regresa a su puesto de mando no le gusta nada lo que ve y decide arrasar la Tierra con una nueva inundación semejante al diluvio que una vez provocó. Los pobres ángeles piden clemencia para el género humano y acuerdan con Dios que si encuentran a un solo ser humano que sea capaz de comportarse de forma justa y sacrificarse por amor, Dios salvará a la humanidad. Y es entonces cuando entran en escena nuestros Danny y Sandy de los 80, esta vez llamados Zack y Debbie, un inventor fracasado agobiado por las deudas y la cajera del banco que Zack decide atracar para conseguir dinero, respectivamente.
Empieza así una rocambolesca historia con un argumento surrealista en el que brilla el buen trabajo de los secundarios (un auténtico lujo, pues también tiene un papel importante el personaje del Diablo, interpretado nada más y nada menos que por el actor británico Oliver Reed. Y hay que destacar que Gene Hackman fue el encargado de poner la voz a Dios) y la innegable química de John y Olivia, aún guapos y carismáticos, no como ahora, que parecen una caricatura de los que fueron. En la película están graciosos, frescos y atractivos. Él una mezcla de Danny Zuko y Tony Manero, con ese aire de chulo vulnerable de sus personajes y ella radiante y sonriente, también toda una estrella del momento, sobre todo en el mercado discográfico.
A pesar de todos estos ingredientes, “Tal para cual”, que era la primera película de John Herzfeld, fue un auténtico fracaso de crítica y público y estuvo nominada a cinco Golden Raspberry Awards (los Razzie de la época), incluidos el de peor guion y peor director.


SEXO, MENTIRAS Y CINTAS DE VÍDEO, DE STEVEN SODERBERGH


Esta película estrenada en 1989 fue la gran sensación del cine independiente de principios de los años 90 y la que abrió camino a este tipo de películas llamadas indie que llegarían posteriormente. Y es que fue toda una revelación y una película significativamente revolucionaria. Empezando por un título, que por su extensión podría parecer poco comercial pero que fue todo lo contrario, atreviéndose a incluir la palabra sexo, lo que ya fue todo un revulsivo para las mentes bien pensantes del puritano Estados Unidos.
Además, “Sexo, mentiras y cintas de vídeo” demostró que con un pequeño presupuesto (un millón de dólares escaso) se podía hacer un film que arrasaría allá por donde pasara (llegó a recaudar cerca de cuarenta millones de dólares de la época), basado en un compendio de factores que lo hacía muy interesante. Para empezar un buen guion, en el que se hablaba de sexo, infidelidad y tabúes sexuales y en el que las mujeres asumían roles hasta entonces reservados a los papeles masculinos.
Tanto el guion como la dirección estaban firmadas por un joven Steven Soderbergh que filmaba su primera película con pocos actores en sencillas localizaciones, lo que dotaba a la película de una estética que la acercaba al cine testimonial o documental. Y además, Soderbergh fue también un adelantado a su tiempo al hablar de voyeurismo (centrado en las conversaciones que uno de los protagonistas graba en vídeo y después visiona para satisfacer su disfunción sexual) y de diferentes tabúes sexuales sin tapujos.

La historia no puede ser más simple: Ann y John (Andie MacDowell y Peter Gallagher) son una pareja acomodada cuya vida sexual en común es nula. Y reciben la visita de un antiguo amigo de John, Graham (James Sapder), que está buscando casa por la zona y se queda a vivir con la pareja mientras la encuentra. Graham es impotente y tiene una afición: graba en vídeo a mujeres a las que pregunta sobre su experiencia y costumbres sexuales. A todo esto, John, que es el típico yuppie machista y pagado de sí mismo tiene una relación sexual con su desinhibida y deslenguada cuñada Cynthia (Laura San Giacomo).
Con este argumento, según Soderbergh escrito en poco más de una semana durante un viaje por los Estados Unidos, el joven director de 26 años (el más joven en ganar la Palma de Oro de Cannes como mejor director por esta película) consiguió un film que arrasó en Sundance y en los grandes festivales de varios países por su sencillez y osadía.
“Sexo, mentiras y cintas de vídeo” también lanzó al estrellato a sus cuatro protagonistas: un ya consolidado en la industria James Spader, y unos semi desconocidos Laura San Giacomo (ganadora de un Independent Spirit Award por su interpretación), Peter Gallagher y, sobre todo, Andie MacDowell, que después de ser modelo para L’Oréal y Calvin Klein y haber interpretado a Jane en “Greystoke, la leyenda de Tarzán” (aunque doblada con la voz de Glenn Close), consiguió el espaldarazo definitivo para pasar a la primera fila de intérpretes de su generación.

HER, DE SPIKE JONZE


En el año 2013 (¡hace ya casi siete años!... tempus fugit) se estrenó esta poética película del director Spike Jonze, que ya se había ganado a un cierto sector del público con alguno de sus trabajos anteriores, como “Adaptation” o “Cómo ser John Malkovich”. Siempre historias cotidianas y conflictos humanos vistos desde una perspectiva diferente.
Y justamente esa es también la historia de “Her”. En un posible futuro cercano (y visto lo visto, cada vez más posible y realmente cercano) Theodore (un natural y delicado Joaquin Phoenix) trabaja en una empresa en la que se dedica a escribir cartas personales a los seres queridos de personas que por alguna razón no pueden hacerlo. Theodore es un tipo solitario e introvertido que escribe preciosas y emotivas cartas de todo tipo, pero con una vida personal bastante vacía. Tiene un amigo, una amiga (Amy Adams) y una ex novia (Rooney Mara) con la que no acabó del todo bien. Pero su vida cambia cuando un buen día se descarga en su ordenador un nuevo sistema operativo informático inteligente que aporta como novedad que es capaz de evolucionar de forma diferente con cada usuario. Responde al nombre de Samantha y en la versión original posee la sensual voz de Scarlett Johansson. Sin darse apenas cuenta Theodore y Samantha inician una relación que va más allá de lo profesional y que no se diferencia en nada de las relaciones humanas de pareja.

“Her”, que mucha gente definió en su momento como “aquella peli en que un tío se enamora de su ordenador”, es mucho más que eso. De hecho, ni siquiera ese es su argumento. Es una profunda reflexión sobre la soledad humana y las relaciones de pareja. Y también sobre cómo el amor puede ser, además de una emoción o sentimiento generador de endorfinas, algo que nos puede aislar del resto del mundo.
Sirviéndose de esta relación, y a través de las conversaciones que mantienen Samantha y Theodore asistimos a las diferentes fases de su relación (de pareja) y nos vemos reflejados en esos estados de ánimo por los que, sobre todo, pasa Theodore, en el fondo un pobre ser humano lleno de inseguridades y miedos que aún se hacen más patentes frente a la personalidad del sistema operativo Samantha, que es en realidad otra forma de conciencia, mucho más evolucionada y que ha trascendido todas esas emociones (posesión, miedo, celos, agresividad, rencor…) que nos dificultan tanto alcanzar un estado de paz con nosotros mismos y, por ende, con el resto de personas que nos rodean. Vamos, que Samantha se convierte a lo largo del film en esa persona que a todos nos gustaría llegar a ser.
“Her” me parece tan instructiva e interesante como mil seminarios sobre cómo superar nuestros miedos o nuestros malos hábitos con las parejas o con las personas que amamos o, en definitiva, con nosotros mismos. Esta fábula de ciencia ficción es una de las mejores reflexiones sobre el ser humano y sus emociones que he visto reflejada en la pantalla en los últimos tiempos. Y así lo decidieron algunos de los festivales cinematográficos más relevantes, pues su guion se vio premiado en la mayoría de ellos, incluyendo el prestigioso Oscar.
La recomiendo encarecidamente desde aquí y me despido con un mensaje inspirador: todos podemos llegar a ser Samantha, sólo hay que proponérselo.



BUSCANDO A SUSAN DESESPERADAMENTE, DE SUSAN SEIDELMAN


Hubo un tiempo en que Madonna era atractiva, joven y divertida. Era mediados de los años 80 y Madonna era una joven promesa femenina del pop, provocadora e irreverente, que acababa de lanzar al mercado su segundo disco, “Like a virgin” (like, lo que deja bien claro que no lo soy. El arte de la calculadora provocación del que Madonna es una maestra), que estaba lleno de futuros números uno, y tenía a toda una legión de admiradoras que copiaban su look lleno de ropa interior con encajes y crucifijos.

La directora independiente Susan Seidelman supo aprovecharse de toda esta gracia natural de la cantante de Bay City (Michigan) y le proporcionó el que sería el mejor papel de su corta e irregular carrera cinematográfica (sí, a pesar de las buenas críticas que obtuvo por Evita) en forma de este papel/caramelo que es Susan, la joven a la que alude el título de esta película estrenada en 1985.
A su vez, Susan Seidelman era una joven directora que había conseguido el año anterior rodar una película que sería la primera película independiente en competir en el festival de Cannes. Así que con la ayuda del guion de Leora Barish construyó una comedia con una estructura clásica pero subvirtiendo la historia, que no es otra que la de una joven y aburrida ama de casa (Rosanna Arquette, cuando aún no era la hermana de Patricia) que ve un extraño anuncio en la prensa en el que alguien busca desesperadamente a una tal Susan. Y decide seguirle la pista, lo que le lleva a conocer a Susan, una chica joven y libre que se convierte en su modelo a seguir y la mete en incontables líos.
“Buscando a Susan desesperadamente” es la clásica comedia de enredo y confusiones, pero está muy bien narrada, con un buen ritmo y buenos diálogos, y sobre todo, cuenta con buenos intérpretes, empezando por Madonna, que realiza una proyección de su propio personaje público en el personaje de Susan (lo que le venía al pelo para cimentar la imagen que construiría su leyenda de chica hecha a sí misma, dueña de su propia vida y decisiones, y absolutamente libre en lo sexual y en todos los aspectos), y siguiendo por la siempre excelente Patricia Arquette (aquí genial en su papel de ingenua), la fantástica Laurie Metcalf (popular por la serie “Roseanne”) y el encantador Aidan Quinn (prolífico siempre, tanto en cine como televisión. Su trabajo más reciente es “Elemantary”).
La película supuso un éxito de crítica y público y, por desgracia, el trabajo más alabado de su directora, que siguió creando buenas comedias aunque no tan populares, e incluso dirigió el episodio piloto y alguno más de la serie “Sexo en Nueva York”. Su último trabajo en la pantalla grande ha sido la comedia “A por ellas”, estrenada en 2013, en la que participan grandes nombres de los 80, como Brooke Shields,  Daryl Hannah, Virginia Madsen y Eric Roberts.

BEAUTIFUL BOY, DE FELIX VAN GROENINGEN


Vaya, otro estreno reciente… Aunque no es la filosofía del blog reseñar películas de plena actualidad, últimamente no puedo evitar que las películas que veo sean destacables, para bien o para mal. Generalmente lo son por lo primero, pero justo sobre la que estoy escribiendo no tiene toda mi simpatía. Me explico. Es que “Beautiful boy” me parece la típica película trampa. Porque está dirigida por un director de prestigio, tiene un guion astuto, una historia que engancha, unos buenos intérpretes al servicio de todo ello, en definitiva, una facturación impecable, pero a mí no deja de parecerme un telefilme de alto standing. Y más aún, me parece una película pensada para arrasar en festivales y para optar a grandes galardones.
La historia no puede ser más familiar, por desgracia, y además está basada en hechos reales. Los protagonistas son básicamente David Sheff, un redactor de la revista Rolling Stone (encarnado por un Steve Carell alejadísimo de sus papeles cómicos. Más dramático imposible) y su hijo Nic, un adolescente lleno de cualidades y virtudes que empieza fumando porros de marihuana y termina convertido en un adicto a todo tipo de drogas. Timothée Chalamet es el encargado de dar vida a este torturado adolescente después de haber robado los corazones de crítica y público el año pasado con el romántico adolescente de “Call me by your name”. Su Nic de “Beautiful boy” parece incluso una versión degradada de su Elio Perlman en una posible vida alternativa. Es el hándicap de poseer un físico tan concreto y enlazar dos papeles de adolescentes peculiares.

Pero al contrario de los que me pasó con “Call me by your name”, cuyos referentes me parecieron bien engarzados dentro del hilo argumental y con suficiente entidad dentro de la película, los lugares comunes que me describe “Beautiful boy” me chirrían, y ya sé las caras que va a poner Steve Carell después de que su hijo le llame por teléfono para pedirle dinero para el próximo chute, o el papel que va a jugar su ex mujer, la madre del chico, en la historia; o cómo se va a comportar su actual pareja (encarnada por la televisiva Maura Tierney, una de las protagonistas de la excelente serie “The Affair”) cuando Nic aparece en la casa familiar para pasar el fin de semana y quiere jugar con su hermanito pequeño…. Lo sé, todo eso lo sé antes de que suceda. Porque todo en esta película huele a gran melodrama sabiamente dirigido con una excelente (y pretenciosa) banda sonora de fondo y una fotografía excepcional.
Pero, ¿qué quieres que te diga? Esta historia sobre un chico blanco culto, bien posicionado, inteligente, bello, con un futuro por delante, cuya angustia existencial le lleva a escuchar a Nirvana o Pan Sonic mientras se fuma sus petas y que después le compra metanfetamina a un dealer negro me suena a cliché para todos los públicos. Me dio más miedo “Yo, Cristina F.” (Uli Edel, 1981) y me emocionó más “Ben is back” (Peter Hedges, 2018).

ÉRASE UNA VEZ…EN HOLLYWOOD


Después de verla no puedo menos que hacerme eco del noveno film de Quentin Tarantino, a pesar de que sea un estreno de agosto del 2019. Y es que este cuento contemporáneo reúne todos los elementos de cualquier cuento que se precie (con buenos, malos, héroes, antihéroes, e incluso una princesa) y, por supuesto, tiene la marca personal de su director. De hecho, se podría decir que el director ha rendido su personal homenaje al Hollywood de su niñez y, a su vez, a su propio universo cinematográfico, con sus estrellas de serie B, ese humor suyo tan negro oscurísimo, y las escenas de lucha y artes marciales, esta vez hasta con el mismísimo Bruce Lee.

“Érase una vez… en Hollywood” es una película compleja (si ya de por sí las de Tarantino lo son, ésta un poquito más) porque está llena de referencias al universo cinematográfico y al propio universo del director. Y además es una película de metacine en la que se desarrolla una historia de ficción encajada dentro de una realidad incluso datada en el tiempo dentro de ese año crucial de 1969, un año que se vio marcado, sin duda, por el cruel asesinato de la actriz Sharon Tate y cuatro personas más en su casa de Cielo Drive, en las colinas de Hollywood, a manos de la banda de Charles Manson. Este hecho ha quedado en el imaginario colectivo de la cultura popular norteamericana como el detonante del final de una época y de pérdida de la inocencia; algo parecido a lo que supuso el asesinato de Kennedy seis años antes. Así que, a priori, parece que Tarantino no ha escogido un tema fácil como argumento de su película.
Pero con la maestría que le caracteriza ha construido un relato fascinante en el que el hecho histórico en sí (el asesinato de Tate) transcurre como telón de fondo de la historia ficticia de Rick Dalton (un fantástico Leonardo Di Caprio), un actor de westerns de la década de los 50 que llega al Hollywood de finales de los 60 acompañado de su doble de acción (imponente Brad Pitt en un personaje heredero de Brando en cuanto a su sexual masculinidad) para intentar abrirse camino en el nuevo cine del que se siente completamente excluido. Los dos personajes son los auténticos protagonistas del film dando las mejores escenas y los diálogos más chispeantes y construyendo un retrato de unos personajes que se meten al público instantáneamente en el bolsillo. Rodeando a estos dos anti (héroes) desfilan ante nuestros ojos parte de aquella “alta sociedad” hollywoodiense, como Bruce Lee o Steve Mcqueen, y, por supuesto el director Roman Polanski (que en la época acababa de estrenas “La semilla del diablo” y había conseguido el respeto de toda la industria) y la actriz Sharon Tate, que estaba embarazada y se empezaba a hacer un nombre en el cine. Para interpretar a la mítica Sharon, Tarantino ha escogido a la actriz australiana Margot Robbie, que consigue componer un personaje lleno de encanto e inteligencia con el que ella ha querido rendir un sentido homenaje a Tate. La escena en la que su personaje se compra una entrada de cine para verse a sí misma actuando en su última película no tiene precio. Hace falta ser una gran actriz para componer un personaje en sólo unas contadas apariciones. Eso se llama carisma, el que comparten Robbie y Tate.
Muchos consideran que “Érase una vez… en Hollywood” es una carta de amor de Tarantino al mundo del cine de Hollywood y también a aquella ciudad de Los Angeles de finales de los 60 y principios de los 70 en la que él mismo creció y aprendió a amar el cine, que más tarde le inspiraría tanto para crear sus propias películas.
Sea como sea, su novena película (¡peligro!, el fin se acerca. Tarantino declaró hace un tiempo que sólo quería rodar diez películas como director) está llena de amor hacia todo lo que rodea al mundo de las películas y, para demostrarlos sólo hay que ver los últimos veinte minutos del film. Amor en estado puro. ¿Tengo o no razón?





EL MUNDO SE SUZIE WONG, DE RICHARD QUINE


Esta curiosa película de 1960 (dirigida por el malogrado actor, director y guionista Richard Quine) se ha convertido con el paso del tiempo en una pequeña obra de culto que se sigue visionado en fórums cinematográficos. Sus protagonistas son el mítico William Holden y la actriz norteamericana de origen chino Nancy Kwan, convertida a raíz del éxito de “El mundo de Suzie Wong” en todo un sex symbol en Hollywood y en un icono de estilo por su elegancia natural y su belleza. Aunque lo más importante fue que su irrupción en la industria del cine norteamericana jugó un papel fundamental en la aceptación de actores de origen asiático en la década de los 60, pues hasta entonces estos papeles eran representados por actores y actrices occidentales maquilladas para parecer asiáticas. Actualmente, y ya con ochenta años, Nancy Kwan sigue siendo una figura políticamente activa como portavoz de la Coalición de Votantes de Asia de América.


“El mundo de Suzie Wong” narra el encuentro de Robert Lomax, un artista norteamericano en horas bajas (Holden) que viaja a China para pasar un año intentando buscarse la vida como pintor. En el transbordador que le lleva a la capital conoce a una muchacha, Min Lee (Kwan), que se presenta como una rica heredera de una acaudalada familia, de la que se despide al llegar a tierra. Buscando un hotel para pasar los primeros días va a parar a uno de los barrios más populares de Hong Kong, Wanchai, y allí entra en un pintoresco hotel que resulta ser el hotel de citas de las chicas que trabajan en el bar de al lado. Su sorpresa es mayúscula cuando ve que una de las chicas que trabaja en el bar es, ni más ni menos, la chica del transbordador, conocida en realidad como Suzie Wong. Lomax y ella inician una extraña relación llena de atracción mutua en la que Wong solamente posa para él como modelo. Las cosas se complican entre ellos a medida que se conocen y sus sentimientos se hacen más profundos.

La película tuvo un rotundo éxito de crítica y público y para la actriz Nancy Kwan significó un espaldarazo definitivo para lanzar una prestigiosa carrera que le llevó a trabajar con actores tan populares como Glen Ford, Terry Thomas, Omar Sharif, Dick Van Dyke, David Carradine, Dean Martin o Tony Curtis, entre otros. Además, “El mundo de Suzie Wong” es de las pocas producciones de Hollywood en las que se puede ver el Hong Kong real de los años 60, pues los exteriores fueron filmados en escenarios naturales.
Dentro de estas deliciosas secuencias casi documentales yo destacaría personalmente el principio de la película que nos muestra el puerto de Hong Kong y la entrada del protagonista a la zona de embarque del ferry de Kowloon, mientras suena la preciosa banda sonora de George Duning compuesta especialmente para el film. Absolutamente evocadora y un anticipo de las fascinantes imágenes que se sucederán.
Como curiosidad, comentar que ese mismo año 1960 Richard Quine rodaría la que dicen es su obra cumbre: “Un extraño en mi vida”, con Kim Novak y Kirk Douglas, otra pareja fascinante.




LA HUIDA, DE STEFAN RUZOWITZKY


Esta película del año 2012 podría pasar perfectamente desapercibida, pues es uno más de los numerosos thrillers de acción que nos llegan desde el otro lado del charco; con un ambiente y una temática mil veces repetida. Sin embargo, venía avalada por su director, el director vienés Stefan Ruzowitzky, cuya película “Los falsificadores” había obtenido cuatro años antes el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Y, sobre todo, por un reparto espectacular y sumamente efectivo: Eric Bana (siempre grande, ya sea como villano, personaje histórico o héroe romántico), Olivia Wilde (en un momento pre omnipresencia), Charlie Hunnam (conocido por la serie “Sons of Anarchy”), Kate Mara (también tuvo su papel en otro gran éxito de televisión, como es “House of Cards”) y, en papeles secundarios pero muy importantes para el relato los grandes Sissy Spacek (que últimamente nos ha dado una de su mejores interpretaciones en la serie “Bloodline”) y Kris Kristofferson.

“La huida” (originalmente “Deadfall”. Supongo que los distribuidores españoles decidieron cambiarle el título para aprovechar el aura de la mítica película de Sam Peckinpah) empieza con una huida de lo que parece ser dos ladrones (un hermano y una hermana, Eric Bana y Olivia Wilde, los protagonistas) de la escena donde han cometido el delito. Van en un coche conducido por su cómplice y están contando el botín. Están atravesando un terreno desolado y cubierto de nieve cuando un reno de cruza en su camino y tienen un brutal accidente. Como resultado el chófer muere y el coche queda destrozado, por lo que no les queda más remedio que continuar huyendo a pie. Paralelamente, en otra trama de la historia vemos a un joven (Charlie Hunnam) que queda en libertad de una prisión después de cumplir una condena por no sabemos qué. Una vez fuera llama a sus padres para comunicarles que va a pasar el Día de Acción de Gracias a casa. Sus padres con Sissy Spacek y Kris Kristofferson, y viven en la zona en la que se ha producido el accidente de los dos delincuentes que están huyendo. No hace falta ser demasiado avispado para intuir que todos estos personajes se van a cruzar en un momento u otro y, efectivamente, así será. Pero hasta llegar a ese momento culminante, el director de la película nos irá dando datos sobre el carácter de los dos hermanos y su peculiar relación, así como del joven ex presidiario y sus padres, con un bagaje a sus espaldas que será definitivo para la historia.
Como he dicho al principio, “La huida” no expone nada que sea original, pero el director sabe imprimir ritmo a la historia y sin querer ser en exceso efectista consigue algunos golpes en la acción que sorprenden por su crudeza y te hacen pensar que puede que al final no todo acabe bien, como suele suceder en este tipo de filmes.
La película cuenta, además, con una buena banda sonora de Marco Beltrami y una excelente fotografía obra del norteamericano Shane Hurlbut, que consigue transformar al desolado y nevado paisaje en otro protagonista.
En definitiva, una película en apariencia intrascendente pero bien dirigida e interpretada que gustará a todas aquellas personas que se decanten por las historias (de acción) con contenido.


MARIA DEL MAR, DE JOAN LÓPEZ LLORET


Sólo un cineasta de la sensibilidad de Joan López Lloret podía llevar a la pantalla un retrato capaz de reflejar en toda su dimensión otra gran sensibilidad artística, en este caso la de la cantante y compositora mallorquina Maria del Mar Bonet.
Bajo el sencillo (y directo) título “Maria del Mar”, López Lloret construye a partir de un guion propio escrito en colaboración con el periodista musical Jordi Bianciotto un retrato de la cantautora que coincide con la celebración de los cincuenta años de su carrera artística y que toma como punto de partida la grabación en Cuba de su último trabajo discográfico, “Ultramar”, editado en 2017. Un exquisito disco en el que la voz de la mallorquina confluye en perfecta sintonía con la musicalidad caribeña (representada por artistas de la talla de Jorge Reyes, Pancho Amat, Eduardo Llibre, José Luis Cortés “El Tosco” o el gran José María Vitier) y que le sirve de excusa al director del documental para iniciar un recorrido por la trayectoria vital y profesional de esta voz imprescindible y ya clásica de la mediterránea.

Con esa sabiduría cinematográfica que da la experiencia (no hay que olvidar que López Lloret tiene en su haber historias tan interesantes y bien filmadas como “Sinaí. Más allá del océano” o la reconocida “Hermanos Oligor”, entre muchas otras) el director de “Maria del Mar” consigue tejer una historia en la que presente y pasado se van entrelazando a través de los testimonios directos de algunos de los personajes que, de una forma u otra, la han acompañado en su biografía, como su propio hermano Joan Ramon, amigas de adolescencia, compañeros de juventud que también son grandes artistas (como los poetas y escritores Joan Manresa y Biel Mesquida), su manager Yanni Munujos (a mi parecer pieza clave en los últimos años de Bonet), compañeros de Els Setze Jutges (Lluís Llach y un encantador Serrat), colegas de profesión como Martirio, rendida cómplice de Maria del Mar o los responsables de las portadas de sus discos y de la imagen profesional de la artista, como son los fotógrafos Toni Catany y Juan Miguel Morales, ambos, también, amigos personales. Y, por supuesto, el testimonio directo de Maria del Mar Bonet, que comparte anécdotas y recuerdos personales de una forma tranquila y sincera.
El documental también rescata de la hemeroteca varios reportajes audiovisuales, como un extracto de la interpretación del tema “Merçè” del mítico “A su aire” o una impagable entrevista que Carlos Tena le realizó en los años 70 en su programa “Pograma”, en la que vemos a una Maria del Mar Bonet con las ideas muy claras a pesar de su juventud y con el mismo discurso coherente y auténtico que sigue manteniendo casi cincuenta años después. Incorruptible y alejada del éxito fácil de la comercialidad, del éxito por el éxito.
Definitivamente, “Maria del Mar” nos da algunas claves para entender la forma de ser y de concebir la música de esta gran artista, casi como un trabajo de artesanía, en el más puro sentido de la palabra. Como bien dice su compañero de profesión y amigo Lluís Llach en un momento del documental, María del Mar Bonet ha conseguido convertirse en internacional desde lo más regional, compartiendo su particular visión de su música con artistas de diferentes culturas y latitudes. Y sin hacer ni una sola concesión. Admirable. Única. Un lujo para los sentidos y para el espíritu.



A VIGILANTE, DE SARAH DAGGER-NICKSON


La (desconocida) directora australiana Sarah Dagger-Nickson ha irrumpido con fuerza en el panorama cinematográfico con el estreno de su primera película, un debut del que ella es directora y también guionista, para la que ha contado con dos figuras eminentemente televisivas: Olivia Wilde (que se hizo internacionalmente conocida con la serie “House”) en el papel principal y Morgan Spector (uno de los actores de la séptima temporada de “Homeland”) en un papel secundario pero definitivo en la historia.

“A vigilante” (título un tanto extraño) tiene como protagonista a Sadie (Olivia Wilde), una mujer que ha sufrido violencia de género y abuso doméstico en el pasado y actualmente se dedica a ayudar a otras mujeres que están en la situación que ella padeció. Sadie es una superviviente del infierno (las cicatrices de su cuerpo así nos lo muestran) y en realidad aún no ha superado el estrés postraumático. Pero esa amenaza que ella creía desaparecida (su ex marido, al que encarna Morgan Spector), no lo está tanto…
Además de que pone el foco sobre un tema con el que la sociedad está particularmente sensibilizada últimamente (y esto es loable y necesario),  la aportación de “A vigilante” es la fabulosa interpretación de la actriz norteamericana Olivia Wilde, de la que ya intuíamos que, aparte de su excepcional fotogenia, también era buena actriz. Pero este film nos lo confirma definitivamente. Wilde ofrece una interpretación llena de garra, de fuerza y de coraje que la coloca, en mi opinión, en la línea de salida de esos premios a los que sus compatriotas dan tanta importancia, los míticos Oscar.
En apenas hora y media, y con una fotografía que en ocasiones recuerda vagamente a un telefilm de sábado por la tarde, la directora consigue hacer un barrido por la situación personal de la protagonista, por ese pasado que la ha llevado hasta dónde está (a base de eficaces flashbacks), y por las vidas de las personas a las que ayuda. Siendo un producto menor, “A vigilante” tiene tal fuerza y está tan bien narrado que consigue atraparte en su historia (por otro lado mil veces escuchada en los programas de sucesos), y en la última media hora ya haces tuyo el destino de Sadie, esa mujer pacífica y resolutiva, experta en Krav Magá (sistema oficial de lucha y defensa personal usado por el ejército israelí), a la que Olivia Wilde aporta sus emociones y su mirada de forma magistral, manteniendo el equilibrio para que esas emociones se muestren en forma de rabia ciega en su rostro, sin artificios ni maquillaje; sin glamour. No lo necesita. Todo está expuesto sin trampa.


EL LECTOR, DE STEPHEN DALDRY



Sólo un director de elevada sensibilidad podía ser capaz de trasladar a la pantalla “El lector”, la novela que convirtió en superventas al escritor y jurista alemán Bernhard Schlink en 1995. Y fue el británico Stephen Daldry (ya reconocido por su adaptación en 2002 del clásico contemporáneo “Las horas” y, sobre todo, por “Billy Elliot”) el encargado de hacerlo en 2008, consiguiendo que la película fuera alabada por crítica y público de forma unánime, llegando a conseguir el Oscar, el Globo de Oro, el BAFTA y el Premio del Sindicato de Actores para su protagonista, Kate Winslet, por una interpretación llena de matices.

“El lector” empieza en la Alemania de 1995, donde vive Michael Berg (Ralph Fiennes). La visión del paso de un tranvía desde la ventana de su apartamente hace que Michael recuerde un episodio de su adolescencia que le marcó para siempre. Así, la acción se traslada en el tiempo a 1958, concretamente a la pequeña ciudad de Neustadt, donde el joven Michael (encarnado magistralmente por David Kross, para mí merecedor de otro premio) vive con su familia y por azares del destino entra en contacto con Hanna Schmitz (Kate Winslet), una mujer de 35 años, que vive de forma espartana en un pequeño apartamento de alquiler. Después de aquel primer encuentro, Michael vuelve en su busca no pudiendo olvidarla y se convierten en amantes clandestinos. La mujer madura y el adolescente inician una apasionada relación que se ve determinada por una extraña petición: después de cada encuentro sexual, Hanna le pide a Michael que le lea en voz alta. Y Michael así lo hace. Hasta que un día Hanna desaparece sin decir nada. Michel sigue con su vida hasta que ocho años después, convertido en un estudiante de la carrera universitaria de Derecho, asiste como oyente con sus compañeros de clase al juicio que se realiza a unas antiguas agentes de las SS acusadas de haber dejado morir a 300 mujeres judías prisioneras de un campo de concentración cercano a Cracovia. Y en la sala del juicio vuelve a encontrarse con Hanna.
Rodada en los escenarios reales que describe la novela, “El lector” fue una película que contó con la ayuda y el beneplácito del escritor Bernhard Schlink, que acompañó al director y al guionista (David Hare) por los lugares en los que se realizaría la filmación. Por otro lado, Hare decidió cambiar el final de la novela, aludiendo a razones estrictamente relacionadas con el lenguaje cinematográfico, en ocasiones con necesidades diferentes al literario.
Como curiosidad hay que decir que Ralph Fiennes estuvo en el proyecto desde sus inicios y que Kate Winslet, también la primera opción, estuvo a punto de ser sustituida por Nicole Kidman por coincidir la filmación de “El lector” con su anterior filme, “Revolutionary Road”. Pero al final pudo hacer compatibles ambos rodajes. Schlink exigió que el rodaje de “El lector” se hiciera en inglés, pues trataba de una sociedad post-genocidio y así fue como el joven David Kross tuve que aprender inglés especialmente para la película. El resto de actores (a excepción de lso principales) decidió emular su acento para la película.










GLORIA BELL, DE SEBASTIÁN LELIO


Gloria parece un personaje creado para esa excelente y orgánica actriz que es Julianne Moore, especialista en personajes e historias trascendentes a los que ella dota aún más, si cabe, de una especial fragilidad y humanidad.
“Gloria Bell” es un remake del film chileno del mismo nombre, que arrasó en los festivales de cine del año 2013 consiguiendo bastantes premios y elogios para su protagonista, la actriz chilena Paulina García. Su director se ha encargado también de la dirección de su versión norteamericana y aunque no aporta realmente nada nuevo, es de agradecer que no haya hecho lo que su colega (de profesión)  Michael Haneke con “Funny Games”, cuando se limitó a copiar plano a plano la versión original. No, X ha hecho una adaptación de su historia a la cultura norteamericana y ha (re) creado un film en el que la música es una parte importante de la historia, como reflejo de los diferentes estados de ánimo que atraviesa la protagonista a lo largo del metraje.

La historia de “Gloria Bell” es en realidad muy sencilla y costumbrista, pues cuenta la cotidianidad de Gloria, una atractiva mujer en la cincuentena, divorciada hace más de diez años, que vive sola, pues sus hijos ya son adultos y tienen sus propias vidas. Gloria es amorosa, comprensiva y generosa… y le encanta ponerse guapa y salir a bailar música de los 70 y 80 por lugares en los que la fauna masculina a la que tiene oportunidad de conocer no es la más deseable. Acompañando a Julianne Moore en su periplo nos encontramos al gran John Turturro en una también excelente interpretación, y en papeles más discretos a Michael Cera (interpretando al hijo de Gloria) o a Sean Astin (niño prodigio de los 80 y últimamente más de actualidad gracias a “El Señor de los Anillos”).
En realidad, “Gloria Bell” es una historia sobre la soledad y  está pensada para el lucimiento de su actriz protagonista, a lo que no es ajeno el carisma de la actriz que la interprete. Si Patricia lo tenía en la historia chilena, y mucho, Julianne Moore no le va a la zaga y crea su propia Gloria a la que cede su físico (tan determinante en sus interpretaciones) y esa fragilidad tan especial que posee la actriz y que aporta a todos sus papeles.
A pesar de que me parece un remake absolutamente innecesario, “Gloria Bell” es un buen ejercicio de adaptación a una cultura y unos códigos diferentes partiendo de un mismo guion. Y es un regalo para los amantes de las buenas historias, las buenas interpretaciones y, sobre todo, de Julianne Moore como mujer y como actriz. Como siempre, una delicia.


VERANO EN BROOKLYN, DE IRA SACHS

El director Ira Sachs, originario de Memphis, consiguió con esta deliciosa e intimista película, arrasar en el Festival de Sundance e incl...