lunes, 9 de marzo de 2020

ÉRASE UNA VEZ…EN HOLLYWOOD


Después de verla no puedo menos que hacerme eco del noveno film de Quentin Tarantino, a pesar de que sea un estreno de agosto del 2019. Y es que este cuento contemporáneo reúne todos los elementos de cualquier cuento que se precie (con buenos, malos, héroes, antihéroes, e incluso una princesa) y, por supuesto, tiene la marca personal de su director. De hecho, se podría decir que el director ha rendido su personal homenaje al Hollywood de su niñez y, a su vez, a su propio universo cinematográfico, con sus estrellas de serie B, ese humor suyo tan negro oscurísimo, y las escenas de lucha y artes marciales, esta vez hasta con el mismísimo Bruce Lee.

“Érase una vez… en Hollywood” es una película compleja (si ya de por sí las de Tarantino lo son, ésta un poquito más) porque está llena de referencias al universo cinematográfico y al propio universo del director. Y además es una película de metacine en la que se desarrolla una historia de ficción encajada dentro de una realidad incluso datada en el tiempo dentro de ese año crucial de 1969, un año que se vio marcado, sin duda, por el cruel asesinato de la actriz Sharon Tate y cuatro personas más en su casa de Cielo Drive, en las colinas de Hollywood, a manos de la banda de Charles Manson. Este hecho ha quedado en el imaginario colectivo de la cultura popular norteamericana como el detonante del final de una época y de pérdida de la inocencia; algo parecido a lo que supuso el asesinato de Kennedy seis años antes. Así que, a priori, parece que Tarantino no ha escogido un tema fácil como argumento de su película.
Pero con la maestría que le caracteriza ha construido un relato fascinante en el que el hecho histórico en sí (el asesinato de Tate) transcurre como telón de fondo de la historia ficticia de Rick Dalton (un fantástico Leonardo Di Caprio), un actor de westerns de la década de los 50 que llega al Hollywood de finales de los 60 acompañado de su doble de acción (imponente Brad Pitt en un personaje heredero de Brando en cuanto a su sexual masculinidad) para intentar abrirse camino en el nuevo cine del que se siente completamente excluido. Los dos personajes son los auténticos protagonistas del film dando las mejores escenas y los diálogos más chispeantes y construyendo un retrato de unos personajes que se meten al público instantáneamente en el bolsillo. Rodeando a estos dos anti (héroes) desfilan ante nuestros ojos parte de aquella “alta sociedad” hollywoodiense, como Bruce Lee o Steve Mcqueen, y, por supuesto el director Roman Polanski (que en la época acababa de estrenas “La semilla del diablo” y había conseguido el respeto de toda la industria) y la actriz Sharon Tate, que estaba embarazada y se empezaba a hacer un nombre en el cine. Para interpretar a la mítica Sharon, Tarantino ha escogido a la actriz australiana Margot Robbie, que consigue componer un personaje lleno de encanto e inteligencia con el que ella ha querido rendir un sentido homenaje a Tate. La escena en la que su personaje se compra una entrada de cine para verse a sí misma actuando en su última película no tiene precio. Hace falta ser una gran actriz para componer un personaje en sólo unas contadas apariciones. Eso se llama carisma, el que comparten Robbie y Tate.
Muchos consideran que “Érase una vez… en Hollywood” es una carta de amor de Tarantino al mundo del cine de Hollywood y también a aquella ciudad de Los Angeles de finales de los 60 y principios de los 70 en la que él mismo creció y aprendió a amar el cine, que más tarde le inspiraría tanto para crear sus propias películas.
Sea como sea, su novena película (¡peligro!, el fin se acerca. Tarantino declaró hace un tiempo que sólo quería rodar diez películas como director) está llena de amor hacia todo lo que rodea al mundo de las películas y, para demostrarlos sólo hay que ver los últimos veinte minutos del film. Amor en estado puro. ¿Tengo o no razón?





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