lunes, 9 de marzo de 2020

CIAO Y PIT STOP, DE YEN TAN


Hoy quiero hablar de dos películas preciosas, de corte intimista, casi documental. Ambas son del mismo director, rodadas con cinco años de diferencia. A pesar de que son dos films que no comparten argumento y personajes, tienen muchos puntos en común aparte de la temática homosexual, pues he descubierto que reflejan el personal modo de hacer cine de su director, Yen Tan, de origen malayo pero afincado en Dallas (Texas) desde hace casi treinta años.

Yen Tan es director, guionista y productor y vive en Estados Unidos desde los diecinueve años, así que ha crecido y se ha desarrollado como persona y como profesional en un país, y concretamente un estado, que yo creo que le han marcado sin duda. De hecho, su modo de hacer cine entronca con cierta tradición de cine indie norteamericano de los 90, con títulos tan significativos como “Buffalo’66”, “Smoke” o las películas de Kevin Smith, por nombrar algunos.
“Ciao” (2008) y Pit Stop (2013) son films rodados sin alardes técnicos ni grandes nombres (en el sentido comercial), pero tienen a su favor unas historias tremendamente humanas y unos actores y actrices que están tan inmensos que te hacen olvidar que forman parte de una ficción. Además, Yen Tan nos habla de emociones y situaciones universales, que todos hemos sentido en alguna ocasión: el amor, el desamor, la pérdida, el deseo…. En realidad, poco importa que sea en el contexto de la homosexualidad, en este caso masculina.
En “Ciao” asistimos al encuentro de dos hombres, que tienen en común a un tercero, que ha fallecido en un accidente de tráfico. A raíz de este hecho se conocen su amigo de toda la vida y su actual amante, al que había conocido por internet. Con esta premisa, Yen Tan (que escribió la historia junto a uno de los actores del film, Alessandro Calza) nos describe la situación que viven los dos hombres y el encuentro que tienen en el que el recuerdo de su amigo común es el nexo de unión. Adam Neal Smith (Jeff, el amigo de toda la vida) y Alessandro Calza (Andrea, el nuevo amante) realizan un trabajo actoral soberbio en el que se olvidan de las cámaras que los están filmando, aunque ahí están para captar esos primeros planos de partes de su cuerpo y su cara que ayudan a dar más énfasis emocional a las escenas. A pesar de su sencillez, o incluso por eso, la contemplativa fotografía de la película es a menudo pictórica.
Todo lo descrito anteriormente también se puede aplicar a “Pit Stop”, otra historia de hombres, esta vez asfixiados emocionalmente en una pequeña ciudad de Texas (pareciera que Yen Tan se mueve bien en aguas autobiográficas). Por un lado está Ernesto (Marcus DeAnda), un hombre seco y estoico que comparte su casa con su ex pareja que nunca acaba de marcharse de casa, y por otro Gabe (Bill Heck), un atractivo y sensible padre de familia que comparte su vida con su ex mujer (Amy Seimetz) y la hija de ambos. En el pasado Gabe tuvo una historia con otro hombre (al que sigue emocionalmente unido) que dinamitó su matrimonio aunque no su relación personal con su mujer. Mientras manejan sus vidas y sus difíciles vicisitudes personales como pueden, Gabe y Ernesto son clientes de la misma pequeña tienda de un área de servicio, aunque nunca se han cruzado.
El cine de Yen Tan es costumbrista y descriptivo, intimista y personal, y a veces le veo destellos del mejor Rohmer. Me gusta especialmente porque no juzga a sus personajes. Pareciera que Yen Tan los colocara en el escenario de la acción y entonces se acercara con su cámara (invisible) para registrar lo qué sucede y cómo evolucionan, como si no fuera un guion y ellos gozaran de libre albedrío. Sólo por esto se merece estar entre mis contadores de historias favoritos.



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