Hoy quiero hablar de dos películas preciosas, de corte intimista, casi
documental. Ambas son del mismo director, rodadas con cinco años de diferencia.
A pesar de que son dos films que no comparten argumento y personajes, tienen
muchos puntos en común aparte de la temática homosexual, pues he descubierto
que reflejan el personal modo de hacer cine de su director, Yen Tan, de origen
malayo pero afincado en Dallas (Texas) desde hace casi treinta años.
Yen Tan es director, guionista y productor y vive en Estados Unidos
desde los diecinueve años, así que ha crecido y se ha desarrollado como persona
y como profesional en un país, y concretamente un estado, que yo creo que le han
marcado sin duda. De hecho, su modo de hacer cine entronca con cierta tradición
de cine indie norteamericano de los 90, con títulos tan significativos como “Buffalo’66”,
“Smoke” o las películas de Kevin Smith, por nombrar algunos.
“Ciao” (2008) y Pit Stop (2013) son films rodados sin alardes técnicos
ni grandes nombres (en el sentido comercial), pero tienen a su favor unas
historias tremendamente humanas y unos actores y actrices que están tan
inmensos que te hacen olvidar que forman parte de una ficción. Además, Yen Tan
nos habla de emociones y situaciones universales, que todos hemos sentido en
alguna ocasión: el amor, el desamor, la pérdida, el deseo…. En realidad, poco
importa que sea en el contexto de la homosexualidad, en este caso masculina.
En “Ciao” asistimos al encuentro de dos hombres, que tienen en común a
un tercero, que ha fallecido en un accidente de tráfico. A raíz de este hecho
se conocen su amigo de toda la vida y su actual amante, al que había conocido
por internet. Con esta premisa, Yen Tan (que escribió la historia junto a uno
de los actores del film, Alessandro Calza) nos describe la situación que viven
los dos hombres y el encuentro que tienen en el que el recuerdo de su amigo
común es el nexo de unión. Adam Neal Smith (Jeff, el amigo de toda la vida) y
Alessandro Calza (Andrea, el nuevo amante) realizan un trabajo actoral soberbio
en el que se olvidan de las cámaras que los están filmando, aunque ahí están
para captar esos primeros planos de partes de su cuerpo y su cara que ayudan a
dar más énfasis emocional a las escenas. A pesar de su sencillez, o incluso por
eso, la contemplativa fotografía de la película es a menudo pictórica.
Todo lo descrito anteriormente también se puede aplicar a “Pit Stop”,
otra historia de hombres, esta vez asfixiados emocionalmente en una pequeña
ciudad de Texas (pareciera que Yen Tan se mueve bien en aguas autobiográficas).
Por un lado está Ernesto (Marcus DeAnda), un hombre seco y estoico que comparte
su casa con su ex pareja que nunca acaba de marcharse de casa, y por otro Gabe
(Bill Heck), un atractivo y sensible padre de familia que comparte su vida con
su ex mujer (Amy Seimetz) y la hija de ambos. En el pasado Gabe tuvo una
historia con otro hombre (al que sigue emocionalmente unido) que dinamitó su
matrimonio aunque no su relación personal con su mujer. Mientras manejan sus
vidas y sus difíciles vicisitudes personales como pueden, Gabe y Ernesto son
clientes de la misma pequeña tienda de un área de servicio, aunque nunca se han
cruzado.
El cine de Yen Tan es costumbrista y descriptivo, intimista y personal,
y a veces le veo destellos del mejor Rohmer. Me gusta especialmente porque no
juzga a sus personajes. Pareciera que Yen Tan los colocara en el escenario de
la acción y entonces se acercara con su cámara (invisible) para registrar lo
qué sucede y cómo evolucionan, como si no fuera un guion y ellos gozaran de
libre albedrío. Sólo por esto se merece estar entre mis contadores de historias
favoritos.

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