El director y coreógrafo estadounidense Rob Marshall fue el encargado en
2018 de llevar a la gran pantalla la continuación de la historia de la niñera
más famosa del cine (con permiso de Rebecca de Mornay) más de cincuenta años
después de la película original de 1964, el clásico de Disney “Mary Poppins”.
Para ello, Marshall situó la acción en el mismo número 17 de Cherry Tree
Lane de la ciudad de Londres, en el que acababa la película original y donde
vive la familia Banks. Pero veinticinco años después las cosas han cambiado en
casa de la peculiar familia y los niños Michael y Jane son dos adultos hechos y
derechos. Ella (Emily Mortimer) una
joven y atractiva mujer implicada en temas sociales y él (Ben Whishaw) un joven
viudo y padre de tres hijos con problemas financieros que vive con la niñera
Ellen (Julie Walters), que le echa una mano con los niños, además de cuidar de
la casa. A punto de sufrir un desahucio, todo parecen ser problemas en la familia,
por lo que de nuevo hace su aparición la niñera que ya los salvó muchos años
antes. Mary Poppins (Emily Blunt) regresa para poner orden… y magia en la vida
de esta desestructurada prole.
“Mary Poppins”, dirigida en 1964 por el colaborador habitual de Disney
en los 60 Robert Stevenson, es una de las películas más populares de la
factoría (estuvo nominada a trece premios Oscar y consiguió llevarse cinco,
entre ellos el de mejor actriz) y, por supuesto, la más popular de sus clásicos
no animados. Marcó a toda una generación de niños y niñas y no fuimos pocos los
que soñamos alguna vez con tener a una niñera tan cómplice y divertida como
ella, capaz de poner orden en la habitación más desordenada tan solo con batir
las palmas y cantar una ocurrente canción. Aunque después hemos sabido que fue
una tarea ardua para el avispado Walt Disney conseguir que la creadora del
personaje, la escritora australiana Pamela L. Travers, le vendiera los derechos
de los libros sobre Mary Poppins, lo que logró después de años de insistencia a
cambio de lo que hoy vendrían a ser algo más de dos millones de euros. En el
año 2013 se estrenó “Al encuentro de Mr. Banks”, un biopic a cargo de John Lee
Hancock en el que se narra la tensa relación de Disney y Pamela L. Travers y
todo el proceso que acabó con la filmación de “Mary Poppins”. Según la
película, aunque era amiga personal de Julie Andrews, Travers siempre se
arrepintió de haberle vendido los derechos de su personaje a Disney porque
pensó que el cineasta había realizado una película demasiado optimista, y se
horrorizó ante las escenas de animación contenidas en el filme.
Por esta razón fue un auténtico acontecimiento, celebrado por muchos, la
vuelta al cine con todos los honores de Mary Poppins en una nueva historia y no
un simple remake. Con una deliciosa ambientación, un sólido guion y unos
fabulosos y coloridos efectos especiales. Y por supuesto, un efectivo casting
que incluía a Meryl Streep, Colin Firth y apariciones especiales de Dyck Van
Dyke (el deshollinador Bert en el filme de los 60), Angela Lansbury y el gran
actor británico David Warner (por una vez no haciendo de malo malísimo, eso se
lo deja a Colin Firth). Mención aparte merece el dramaturgo, actor, letrista y
cantante Lin-Manuel Miranda que hace una muy buena interpretación de su
personaje Jack, heredero directo del deshollinador Bert de la primera parte.
Pese a la buena acogida por parte de crítica y público, la recepción de
“El regreso de Mary Poppins” fue mucho más tibia que su antecesora y a pesar de
recibir varias nominaciones en los Oscar, Globos de Oro y Premios de la
Crítica, no consiguió llevarse ninguno. Sin embargo, creo que es una digna
heredera de la historia de Mary Poppins, aunque seguramente tampoco habría sido
del agrado de P L. Travers.
Sin embargo, después de visionar el filme, no me queda ninguna duda de
que Emily Blunt es una más que digna Mary Poppins que llega a conseguir que
olvides que una vez tuvo la cara de Julie Andrews. No se puede pedir más.

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