lunes, 9 de marzo de 2020

DOCTOR SUEÑO, DE MIKE FLANAGAN


El joven, aunque ya curtido en el género del cine de terror, director estadounidense Mike Flanagan fue el encargado de llevar a la pantalla grande la novela de Stephen King del mismo título, que el escritor había publicado en 2013. En ambos casos se trata de una secuela de la mítica “El resplandor” una de las mejores películas de terror de todos los tiempos.
Esta vez, el protagonista del film es Danny Torrance (el hijo del protagonista de “El resplandor”, el escritor Jack Torrance interpretado por Jack Nicholson, en el papel que marcó su carrera), al que da vida Ewan McGregor. La acción nos sitúa en el año 2011, treinta años después de los hechos del Hotel Overlook que cambiaron su vida para siempre. Su madre ha fallecido y Danny es ya un hombre adulto que se refugia en el alcohol para intentar acallar ese “resplandor” que le puso en contacto con presencias sobrenaturales malignas en el pasado. Pero él no es el único con ese don y recibe mensajes de una niña que también lo posee, Abra Stone. Juntos tendrán que luchar contra unas fuerzas del mal con reminiscencias vampíricas lideradas por la inquietante Rose la Chistera, interpretada por la actriz sueca Rebecca Ferguson.

Ese sería en pocas palabras el argumento de “Doctor Sueño”, una película más del género de terror fantástico en la que su encanto radica, precisamente, en ser secuela de “El resplandor”, y que, en mi opinión, no tiene nada más remarcable que el morbo de ver qué ha sido de Danny después de la traumática y aterradora experiencia vivida en el hotel Overlook cuando era un niño.
Es curioso volver a ver cobrar vida a los escenarios (y algunas escenas y personajes) del clásico de 1980 del gran Stanley Kubrick, pero, obviamente, ni Falanagan es Kubrick ni estamos en 1980. Nuestra capacidad de asombro se ha reducido y es necesario algo más que una buena fotografía y unos excelentes efectos especiales para entrar en el olimpo de las obras remarcables, como lo es “El resplandor”.
“Doctor Sueño” es una película correcta en su planteamiento y desarrollo argumental en la que, paradójicamente, lo mejor es un elemento que no aparecía en su antecesora, el personaje de Abra, interpretado por la debutante Kyliegh Curran. Sin embargo, me pregunto si eso es responsabilidad de la película o directamente del argumento de la novela. Ahí lo dejo.

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