lunes, 9 de marzo de 2020

VERANO EN BROOKLYN, DE IRA SACHS


El director Ira Sachs, originario de Memphis, consiguió con esta deliciosa e intimista película, arrasar en el Festival de Sundance e incluso en el de San Sebastián en el año 2016. Y sólo hay que verla para entender por qué. Con una apariencia de film independiente, esta pequeña película, con el título original de “Little men”, hace un retrato híper realista de una situación que se sitúa en el Brooklyn del siglo XXI, pero que podría extrapolarse a cualquier gran capital de nuestro primer mundo: una familia burguesa intelectual venida a menos, compuesta por un padre, Brian (el siempre solvente Greg Kinnear), una madre, Kathy (Jennifer Ehle) y su hijo Jake (fantástico y sensible Theo Taplitz) se trasladan a  vivir a una casa de Brooklyn desde Manahattan debido a que les ha tocado en herencia después del fallecimiento del padre de Bryan.

En la planta baja del edificio hay una local que también es de su propiedad y que el padre tenía alquilada a una mujer chilena, Leonor (Paulina García, excelente y reconocida actriz), que tiene un hijo de la edad de Jake llamado Tony (interpretado por Michael Barbieri, también excelente), y que regenta una tienda de ropa en el local. Los problemas surgen cuando los nuevos inquilinos descubren que Leonor está pagando una renta muy baja por el espacio y deciden subirle el alquiler tanto que la pobre mujer no puede afrontarlo. Este hecho creará una serie de fricciones que afectarán de forma definitiva a la convivencia y, por supuesto, a la relación de los dos adolescentes que se han convertido rápidamente en inseparables.
El argumento es básicamente éste, pero la magia de “Verano en Brooklyn” reside en su forma de narrarlo, sencilla y directa, sin artificios y con unos diálogos inspirados directamente en la cotidianidad. Y, por supuesto, también es responsabilidad del coguionista de la historia junto al propio Sachs, el brasileño Mauricio Zacharias, y del director de fotografía Óscar Durán, que consigue dar a la historia una imagen universal dentro del peculiar entorno de Brooklyn.
Sin embargo, la película deja un regusto agridulce al hablar de forma tan directa y realista de temas tan actuales como la gentrificación o el aburguesamiento de los barrios populares, y, sobre todo, por cómo afrontan los adultos del film estos temas espinosos, que sirve al fin y al cabo como ejemplo a sus hijos del funcionamiento del libre mercado de esta sociedad neo liberal que hemos creado ente todos.


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