lunes, 9 de marzo de 2020

MI MUJER ES UNA ACTRIZ, DE YVAN ATTAL


Para su ópera prima como director, “Mi mujer es una actriz” (estrenada hace casi veinte años, en el año 2000), el actor francés de origen israelí Yvan Attal (a su vez, director, guionista y uno de los protagonistas del filme) tuvo la inmensa suerte de contar como partenaire con su mujer que, además, es una actriz, y no una cualquiera, sino Charlotte Gainsbourg, musa de Lars Von Trier y una de las intérpretes más reputadas del actual cine galo.

En este juego de explicar el cine dentro del cine y los avatares de una pareja dentro de ese universo, a Yvan Attal le ha salido una película llena de situaciones cómicas en las que su personaje tiene reminiscencias de algunos de los filmes de Billy Wilder (el mejor Jack Lemmon) o incluso Woody Allen: Yvan es un periodista deportivo, un tipo bastante cavernícola pero tierno en el fondo a pesar de sus machistadas. Como contrapunto está el personaje al que se refiere el título, Charlotte, su mujer, una reputada actriz francesa que tiene que viajar a Londres a rodar una película en la que tendrá como compañero de reparto a un veterano actor británico (magnífico Terence Stamp en un papel menor un poco comodín) al que precede su fama de rompecorazones. La inseguridad que siente Yvan ante ese nuevo trabajo de su mujer provocará una serie de situaciones más o menos cómicas que llevan a la reflexión.
Acompañados de la excelente banda sonora del fantástico pianista de jazz Brad Mehldau, Yvan Attal y Charlotte Gainsbourg consiguen dotar de realismo a esta historia contemporánea al meterse en la piel de los personajes cediendo incluso sus propios nombres a la pareja protagonista, con lo que te hacen pensar si muchos de estos conflictos en apariencia ficticios no estarán basados en sus propias experiencias.
Pero, aunque sea en clave de comedia, “Mi mujer es una actriz” abre varios frentes que me parece interesante destacar. Por un lado plantea la relación de pareja desde la diferencia, pues los protagonistas no pueden tener profesiones y caracteres más dispares. Y también reflexiona sobre la fama y sus efectos en quienes la padecen. A Yvan le agobia que su mujer tenga una profesión tan pública y que continuamente Charlotte sea molestada por sus admiradores y que, a menudo, haya quienes se permitan comentarios bastante irrespetuosos sobre ella o sus películas (memorable la cara de Yvan cuando un admirador del trabajo de Charlotte le pregunta si no le molesta que su mujer se acueste con otros hombres. La eterna confusión persona/personaje). Sin embargo, la actitud del personaje de la actriz durante todo el filme, tan calmada y etérea, ayuda a entender por qué siguen juntos. Charlotte se toma su profesión como un trabajo y tiene muy claro dónde acaba la actriz y dónde empieza la mujer. Aunque hay que reprocharle a Yvan Attal que haya decidido dar a entender que, en el fondo, lo que más interesa a su mujer es la maternidad por encima de cualquier otra cosa. Me parece una conclusión demasiado facilona y previsible y no deja de contribuir a perpetuar el patriarcado y el eterno rol de la mujer en tantas películas en las que se redime a través de la maternidad o el matrimonio, como algo a lo que toda mujer debe aspirar.
A pesar de esto, que sí me parece importante, “Mi mujer es una actriz” es un filme que recomiendo, sobre todo,  por el excelente trabajo y el encanto de sus protagonistas. Como curiosidad, Yvan Attal y Charlotte Gainsbourg siguen juntos después de veintisiete años. Todo un logro en estos tiempos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

VERANO EN BROOKLYN, DE IRA SACHS

El director Ira Sachs, originario de Memphis, consiguió con esta deliciosa e intimista película, arrasar en el Festival de Sundance e incl...