Estoy
enamorado de esta película, tengo que confesarlo. A pesar de que se estrenó
hace ya varios meses (llegó a las salas en enero 2018) yo la he visto con
retraso, pero desde que lo hice no he podido dejar de pensar en ella y me
pregunto: ¿cómo he podido vivir todo este tiempo sin “Call me by your name”?
Aprovecho aquí para agradecer a los distribuidores nacionales el que no hayan
traducido el título y hayan respetado el original, que es también el de la
novela del escritor estadounidense de origen egipcio André Aciman, que la
publicó hace once años con gran éxito entre el público LGTB.
Esta preciosa
película narrada con un acertado ritmo cinematográfico que entronca con el de
la propia novela (tiene una duración de algo más de dos horas y hay escenas que
son simplemente contemplativas, en la línea del mejor Rohmer) es una de esas
películas iniciáticas que te dejan un sabor agridulce en el alma cuando se acaban
pero que son tan bellas que te continúan acompañando durante un tiempo. Por lo
menos esa es mi experiencia y, por lo que he oído comentar, es una sensación
bastante compartida.
Todo en “Call
me bay your name” es pura evocación, empezando por el título y el guion que
firma ni más ni menos que el director James Ivory (artífice de muchas otras
joyas cinematográficas que, a su vez, también son excelentes adaptaciones de
obras literarias, como “Lo que queda del días”, “Una habitación con vistas” o
la clásica “Maurice”, con las que “Call me by your name” tiene más de un punto
en común). A pesar del excelente guion de Ivory no hay que restarle mérito al
trabajo del director italiano Luca Guadagnino a la hora de trasladarlo a la
pantalla, así como al excelente reparto de actores y actrices que parecen haber
nacido para dar vida a esos personajes en el celuloide: el joven Timothée
Chalamet está deliciosamente inocente como Elio y tiene su contrapunto en el
envarado, al principio, y atractivo Oliver, al que da vida Armie Hammer (en el
que es su tercer personaje homosexual en poco tiempo). Acompañan a este
magnífico dúo protagonista los excelentes Amira Casar y Michael Stuhlbarg como
los comprensivos y cultos padres de Elio. Quiero resaltar aquí, aún a riesgo de
spoiler, el emotivo monólogo de Stuhlbarg al final del filme que relaciona a
“Call me by your name” directamente (y no por única vez en la película) con
otra emotiva escena de revelación que se da al principio de “Maurice” a cargo
del personaje de Mr. Ducie (que interpreta Simon Callow, un habitual del
universo Ivory).
Sin hacerla
desmerecer, hay que reconocer que la película está llena de referencias y
autoreferencias, entre otras, a los filmes de Eric Rohmer, que tanto hablan del
costumbrismo de los meses de verano en el campo y de los primeros amores
adolescentes; y, por supuesto, a películas del propio James Ivory, como la ya
nombrada “Maurice” o “Una habitación con vistas”.
Pero, además
de su premiado guion (consiguió los últimos premios Oscar y BAFTA) “Call me by your name” tiene ese aire retro de
los años 80 tan bien conseguido, a lo que contribuyen la fantástica fotografía
de Sayombhu Mukdeeprom (director tailandés que para mí ha supuesto todo un
descubrimiento) y la evocadora banda sonora en la que aparecen, entre otros, el
melancólico Sufjan Stevens (que aportó tres temas expresamente para el filme).
En definitiva,
una película altamente recomendable para visionar durante este verano
dispuestos a dejarnos transportar en el tiempo a nuestras primeras veces, de
las que cada vez hay menos, y que son tan importantes que pueden marcar toda
una vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario