lunes, 9 de marzo de 2020

STRIKE A POSE, DE ESTER GOULD Y REIJER ZWAAN


Corría el año 1990 y Madonna emprendía su gira más ambiciosa y también la que, con el tiempo, ha resultado la más mediática y polémica, “The Blond Ambition World Tour”. El nombre ya era toda una declaración de principios de La Ambición Rubia. Durante cinco meses, la cantante, ya una megaestrella de sólo treinta y dos años, emprendía su tercera gira mundial empezando con un concierto en China y girando alrededor del planeta con ese poder de convocatoria sin límite del que, en aquel momento pre internet y redes sociales, sólo disfrutaban ella misma, Los Stones, Prince o Michael Jackson.

De esa larga gira nació un documental grabado por el cineasta independiente Alek Keshishian que se estrenó en 1991 y consiguió ser una herramienta de promoción perfecta en ese juego del auto marketing que Madonna domina tan bien. A pesar de que el título original era “Madonna: Truth or Dare” en alusión al popular juego “Verdad o Trato”, en los países de habla hispana lo conocimos por el desafortunado título “En la cama con Madonna”, insistiendo en ese lado provocativo que siempre se ha asociado con ella. Por muy surrealista que pueda parecer, se dio el caso de alguna persona que acudió a la sala de cine pensando que iba a ver una película de Madonna subidita de tono. ¡Vaya chasco!
El caso es que la gira, y sobre todo el documental, dieron a conocer los entresijos de la cotidianidad de Madonna y su equipo durante un tour y convirtió en (fugaces) celebridades a su cuerpo de baile, formado por siete carismáticos profesionales de la danza: Luis Camacho, Oliver Crumes, Salim Gauwloos, José Gutiérez, Kevin Stea, Gabriel Trupin y Carlton Wilborn.
En “Madonna: Truth or Dare” pudimos ver a Madonna inter relacionándose con sus bailarines (entonces unos chavales que rondaban la veintena), cual mamma italiana. La diva los cuida, los abraza, los besa, les hace confidencias, los reta a besarse entre ellos, y también, como buena diva/jefa que se precie, les exige lo máximo en el escenario. Esos bailarines son los mismos protagonistas de su vídeo clip “Vogue” y uno de ellos, José Gutiérez, sería posteriormente el protagonista del (de nuevo polémico) clip de su futuro éxito “Justify my love”.
Pero el documental no fue sólo un elemento de promoción de Madonna o de su gira. El discurso que Madonna mantiene durante el mismo en defensa de la homosexualidad, de la libertad sexual, de la visibilización de los gays y de la no estigmatización de la enfermedad del VIH tuvieron una considerable importancia a nivel social y parece ser que la actitud desinhibida de los, entonces desconocidos, bailarines al relacionarse entre ellos y con el mundo, y al hablar de su sexualidad y de sus sentimientos fue muy importante para mucha gente, que incluso ha confesado que la primera vez que vio a dos hombres besarse en la boca en una pantalla de cine dentro de una película de no ficción fue cuando Gabriel Trupin y Salim Gauwloos lo hicieron en una célebre escena del documental.
A pesar de todo ello, o quizá por esto, no estuvo exento de polémica (es Madonna en estado puro) y en el año posterior a su estreno, en 1992, tres de los bailarines (Oliver Crume, Kevin Stea y Gabriel Trupin) presentaron una querella en contra de Madonna porque, según ellos, “la cantante había invadido la privacidad de sus bailarines durante la filmación del documental, y se había beneficiado a través del fraude y/o el engaño, la tergiversación, la supresión deliberada de la verdad y la imposición intencionada de angustia emocional”. Según fuentes de la época, alguno de los bailarines había desvelado su homosexualidad ante las cámaras sin pensar que la grabación se difundiría masivamente en cines.
Esta larga introducción es necesaria para entender el porqué y la importancia  de “Strike a Pose”, ya que todo esto que acabo de relatar está contenido a su vez en el documental al que dio origen “Madonna: Truth or Dare”, cuando los directores Ester Gould y Reijer Zwann se preguntaron en 2013, veintitantos años después, qué habría sido de aquellos bailarines que se convirtieron en fugaces celebridades al haberse asociado su nombre al de la reina del pop, pero que después de un tiempo habían desaparecido por completo de la primera línea en la que les situó la gira y el documental.
Según los propios directores han confesado, internet fue un instrumento indispensable para ir localizándolos poco a poco y una vez puesto en marcha el proyecto estuvieron tres años (“Strike a Pose” se estrenó en 2016) viajando por distintas ciudades de Estados Unidos entrevistándose con los bailarines y algunos miembros de sus familias, como es el caso de la mamá de José Gutiérez y de la de Gabriel Trupin (éste último falleció en 1995 a causa del VIH que padecía).
Lo interesante de “Strike a Pose”, tal vez en contraposición a su antecesor, es que está libre de cualquier artificio u ornamento. Aquellos bailarines en un tiempo jóvenes, bellos, audaces y soberbios se muestran esta vez tal y como son en la actualidad, sin maquillaje y abriéndose en canal, totalmente sinceros en sus reflexiones sobre Madonna, sobre lo que aquella magnífica gira significó para ellos, narrando cómo la fama se les subió a la cabeza, o sus problemas con las drogas (es el caso de Luis Camacho), o cómo lidiaron y lidian con la enfermedad y sus adicciones, e incluso uno de ellos (Salim Gauwloos) se atreve a confesar abiertamente, y por primera vez en público, que padece VIH.
Es realmente emocionante comprobar que las bellas estatuas con las que Madonna se contoneaba en el escenario durante su gira hace veinticinco años se han transformado en unos seres humanos llenos de sabiduría y empatía después del duro camino recorrido. En realidad todos ellos son supervivientes de esto que llamamos vida y es de agradecer que compartan su experiencia sin complejos y con tanta sinceridad.
Como broche de oro a “Strike a Pose” (célebre máxima del tema “Vogue” y curioso título para un documental en el que no hay una sola pose por parte de sus protagonistas) me quedo con la respuesta de Salim Gauwloos cuando le preguntan qué ha aprendido él después de todo el camino recorrido, a lo que éste responde: “He aprendido a no juzgar”.







No hay comentarios:

Publicar un comentario

VERANO EN BROOKLYN, DE IRA SACHS

El director Ira Sachs, originario de Memphis, consiguió con esta deliciosa e intimista película, arrasar en el Festival de Sundance e incl...