lunes, 9 de marzo de 2020

LA REINA VICTORIA Y ABDUL, DE STEPHEN FREARS


Hace ya un tiempo que se están rodando películas basadas en hechos determinados de las vidas de personajes conocidos o históricos. Es una manera de aproximarse a un personaje y, personalmente, me parece más interesante que el típico biopic en el que se intenta abarcar la existencia completa de alguien. Así hemos podido saber los avatares del rodaje de “El príncipe y la corista” en “Mi fin de semana con Marilyn”, o cómo se desarrolló la famosa sesión de fotos de James Dean por las calles de Nueva York en “Life”, o los secretos de “Psicosis” en “Hitchcock”….

Pues bien, la película que ahora quiero destacar en “La reina Victoria y Abdul” en la que Stephen Frears (genial cineasta británico, director de joyas como “Mi hermosa lavandería”, “Las amistades peligrosas” o “Alta fidelidad”, sólo por nombras algunas. Su filmografía es extensísima y ya había rodado películas biográficas como “The Queen” y “Florence Foster Jenkins”) recrea la relación que la reina Victoria de Inglaterra tuvo con su sirviente indio Abdul Karim hacia el final de su reinado, que se extendió desde 1837 hasta 1901, también sobre la que era su colonia, India.
Sobre la reina Victoria se habían rodado ya dos películas, una edulcorada hasta la diabetes protagonizada por Romy Schneider a mediados de los años 50, en la línea de “Sissí” (de hecho, es el mismo director); y otra más reciente, en la que Emily Blunt encarna a una Victoria joven y romántica, aunque menos edulcorada.
Lo interesante de “La reina Victoria y Abdul” es que expone a la luz pública el romance platónico que mantuvieron la reina y Abdul y que la familia real había tratado siempre de ocultar, como una vergüenza, y que no es más que un signo de racismo clasista. Ya el guion de Lee Hall (basado en el libro de Shrabani Basu) pone de manifiesto el menosprecio que los conquistadores británicos sentían por los habitantes del país conquistado, a los que consideraban inferiores por el mero hecho de ser indios. El personaje del mejor amigo de Abdul, Mohammed, interpretado por Adeel Akhtar, es el único de la película que se encarga de darnos la visión realista de Inglaterra como un país conquistador y cruel con India. Y es de agradecer sus frases que nos hacen no olvidar el trasfondo político en el que transcurre este romance real (en todos los sentidos). Porque la interpretación de Judi Dench y Ali Fazal como Victoria y Abdul es tan dulce y cándida que sería posible que nos perdiéramos en ese mar de sentimientos que surge entre ellos y olvidáramos qué significó en aquel momento que Victoria se enamorara de un sirviente que, además, era indio. Stephen Frears toma partido por Victoria y Abdul como seres humanos que están viviendo unas emociones reales, pero no tiene piedad con esa corte inglesa y esos cortesanos que son el círculo cercano a la reina y que discriminan cruelmente a Abdul por su procedencia y clase social. En la película quedan retratados como unos personajes cobardes, patéticos y envarados que sólo nos interesan como contrapunto a la pareja protagonista.
El trabajo de Judi Dench y Ali Fazal es soberbio, así como la ambientación y la fotografía, a cargo de Danny Cohen, en la que abundan primero planos del expresivo rostro de Judi Dench y los preciosos ojos de Ali Fazal, ideal como personaje romántico que es como un soplo de aire fresco en la triste y acartonada vida de la reina Victoria, que se muestra aquí como una mujer comprensiva y curiosa, ávida por conocer… y por amar.
La película nos muestra que parece ser que Victoria siempre estuvo profundamente enamorada de su difunto esposo, el príncipe consorte Alberto de Sajonia, al que sobrevivió cuarenta años y cuya muerte la sumió en un profundo duelo durante el resto de su vida, hasta que Abdul Karim apareció en escena en 1887, durante la celebración de los cincuenta años de Victoria en el trono.
Sin embargo, no hay que olvidar que no era la primera vez que la reina vivía algo parecido con un sirviente. Ya había tenido una relación de similares características, después de quedarse viuda, con su sirviente escocés John Brown, que provocó un gran escándalo en la corte. Este romance tuvo también su correspondiente adaptación cinematográfica en 1997 bajo el título de “Mrs. Brown” y con, casualmete, Judi Dench como la reina Victoria.
Es curioso que, sin tener ninguna relación con la antes mencionada actriz Romy Schneider, ambas sean las únicas actrices que han encarnada más de una vez al mismo personaje histórico en diferentes momentos de sus vidas dentro de producciones distintas (Judi a la reina Victoria, Romy a la emperatriz Sissi. Además las dos miembros de la realeza europea, cohetaneas y conocidas), y que ambas compartan el hecho de que han interpretado a la reina Victoria.



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