Hace ya unos
años que se estrenó esta película del realizador inglés Andrew Haigh (la
dirigió en 2011) y actualmente sigue siendo una de las películas de género LGTB
que más me ha gustado. Y es que “Weekend” es tan sencilla y directa como su
título. Fin de semana. Minimalista. Casi un haiku. Y una declaración de
intenciones, sabiendo las connotaciones que esta palabra tiene en nuestra
cultura occidental, donde el concepto fin de semana engloba toda una serie de
actos lúdicos que convierten a esos dos simples días en unas mini vacaciones en
las que todo es posible.
Y eso es lo
que nos relata Haigh en el que fue su segundo largometraje como director, y
para el que contó con los actores Tom Cullen y Chris New a la hora de encarnar
a los flamantes protagonistas de esta melancólica historia de amor homosesexual
indie tan de este nuevo milenio en el que todo está permitido. Y aprovecho para
destacar las excelentes (y no menos melancólicas) canciones del compositor John
Grant, que funcionan como el complemento perfecto a esos momentos sin diálogos,
pero tan elocuentes, que abundan en el film.
“Weekend” es
una película llena de imágenes poéticas, en las que los detalles y la
fotografía son tan importantes para la narración como los diálogos de los
personajes. Ya el principio de la película que nos muestra a Russell
preparándose para salir por la noche es de una sencillez y a la vez de una
elocuencia insuperables. Puro costumbrismo bien filmado. El detalle de la duda
de Russell ante si estrenar o no unas deportivas nuevas esa noche me parece
delicioso. Y demuestra que no son necesarios grandes presupuestos ni nombres
rutilantes para filmar una buena película. Sólo una buena historia y buen
oficio para saber cómo narrarla.
Y “Weekend”
está llena de buenos detalles que la convierten justo en eso, una buena
película que arrasó en los diferentes festivales en los que se presentó
llegando a recibir más de veinte premios, entre los que destacan los dos
obtenidos en la edición de 2011 de los Premios del Cine Independiente
Británico, entre ellos al actor Tom Cullen como el actor debutante más
prometedor.
La peculiar
historia de Russell y Glen, que se conocen un viernes por la noche de pura
casualidad (como sucede a menudo con las acontecimientos realmente
significativos, que no son premeditados) y se enamoran durante un fin de semana
lleno de confidencias, sexo, encuentros y desencuentros le sirve también a
Andrew Haigh para reflexionar sobre la situación del colectivo gay dentro de la
sociedad actual y para denunciar, también, esa falta de normalización y
visibilidad absoluta que se merece el colectivo LGTB. Pero hay que decir que,
aunque está en la película, esta función de denuncia o de reivindicación queda,
en realidad, un poco eclipsada por la poderosa historia de amor, tan real y
romántica a la vez que es imposible no caer de lleno en la marea de emociones
que se agitan alrededor de la pareja protagonista, mecida por la cálida voz de
John Grant y su “Caramel”.

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