Cuando cayó
en mis manos la edición francesa del dvd de “Anatomía del infierno” lo primero
que llamó mi atención fue el sugerente título y uno de sus intérpretes, cuyo
nombre aparecía en la carátula: Rocco Siffredi, el actor de películas
pornográficas. En la foto de la carátula aparecía junto a él una bella mujer
desnuda, la actriz y modelo anglo/francesa Amira Casar. Y también pude observar
que la película había sido dirigida en el año 2004 por una mujer, Catherine
Breillat, una reconocida directora francesa especializada en cine documental
sobre sexualidad y problemas de género. Me quedó claro entonces que no estaba
ante una película porno, pero que la mezcla explosiva de Rocco Siffredi (sexo),
Amira Casar (fue descubierta por Helmut Newton a los catorce años en una playa
de La Costa Azul por el fotógrafo Helmut Newton. Es decir, sexo de nuevo) y
Catherine Breillat (autora de documentales sobre sexualidad y género) iba a dar
como resultado una película en la que el sexo tendría un papel importante.
Al llegar a
casa me dispuse a disfrutar de la película con la mente abierta y con los menos
prejuicios posibles. Y lo primero que aparece en la pantalla antes de los
títulos de crédito o cualquier escena es un párrafo de apenas tres líneas sobre
un fondo negrísimo. Leo una declaración, que supongo es de la directora del
filme, en el que, resumiendo, se advierte al espectador/a de que el cine
construye un espacio ficcional y que el cuerpo de la actriz de la película es
sustituido por el de una doble en las escenas de intimidad sexual.
Ante esto ya
no me queda ninguna duda de lo que voy a ver en los próximos casi ochenta
minutos de película, pero tengo que decir que la realidad superó mis
expectativas.
Después de la
declaración de intenciones de la que he hablado antes, la película nos sitúa
dentro de una discoteca de ambiente gay. Entre los hombres que bailan sudorosos
y alguna que otra escena de sexo explícito, destaca la figura de una bella
mujer (Amira Casar) que los observa desde un rincón de la sala, con semblante
serio. Su mirada puede expresar muchas emociones, pero su actitud corporal es
desafiante y abatida a la vez mientras deambula por la discoteca chocando con
los cuerpos de los hombres mientras se dirige a los lavabos, cruzándose con el
personaje que interpreta Rocco Siffredi. En la siguiente escena vemos a la
mujer cortándose las venas de la muñeca izquierda con una cuchilla, hasta que
la entrada del hombre en el retrete le impide continuar con el que parece que
es su propósito de suicidarse. A partir de este momento la mujer inicia una
extraña relación con el hombre, al que paga para que la observe (y a veces
interactúe con ella) en actos de su intimidad física y sexual, iniciando ambos
un camino en el que irán creando y destruyendo vínculos como una especie de
terapia en la que son capaces de experimentar sus deseos y perversiones
llevando este experimento al límite.
“Anatomía del
infierno” es una película en la que casi no hay diálogos. Las impactantes imágenes
son lo suficientemente poderosas para transmitir el mensaje que Catherine
Breillart quiere trasladar al espectador/a. Son imágenes crudas la mayoría de
las veces, pero llenas de belleza y poesía en torno a la desnudez, el sexo
explícito y la sangre. La fotografía es tan pictórica que a veces parece un
cuadro de Caravaggio en el que resalta la sensual belleza marmórea del cuerpo
de Amira Casar. En realidad, todas los elementos que desfilan por la pantalla
son igual de importantes, tanto la desnudez de Rocco Siffredi como la acuosa y
profunda mirada de Casar, así como la sangre y los planos cerrados del sexo de
los actores. Todos ellos son los protagonistas de esta transgresora reflexión
de Catherine Breillat sobre los sentimientos, el sexo, el apego, la sumisión,
las relaciones sexuales entre hombres y mujeres o el voyeurismo, por nombrar
algunos de los temas que la directora parisina se atreve a poner sobre el
tapete para explicar y entender mejor el mundo interno (no sólo en el plano
sexual) de las personas sin miedo a recibir duras críticas o herir
sensibilidades. De hecho, como vaticinó Catherine Breillat en alguna entrevista
para la prensa francesa, su “Anatomía del infierno” consiguió tanto lo uno como
lo otro.

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