“Sin límites”
es una película del año 2011 protagonizada por un Bradley Cooper convertido ya
en toda una estrella después de haber protagonizado la taquillera “Resacón en
Las Vegas” y su secuela. Está dirigida por Neil Burger, un director no
demasiado conocido, que había firmado anteriormente “El ilusionista” y que tres
años más tarde dirigiría la primera de las películas de la saga “Divergente”.
En realidad
“Sin límites” (que es la adaptación de la novela “The dark fields”, de Alan
Glynn, un libro que sin dejar de tener forma de best seller es bastante
superior en cuanto a contenido a su adaptación cinematográfica) no pasa de ser
una más de esas películas fantacientíficas, aunque con una factura excelente y
un elenco de populares (y en ocasiones solventes) actores que dan brillo a la
producción. En la película que nos ocupa, el grueso de la responsabilidad
recala en los fornidos hombros de Cooper y un desganado Robert De Niro le da la
réplica en algunas escenas. Les acompaña la actriz australiana Abbie Cornish,
que dos años antes había protagonizado la cinta de Jane Campion “Bright Star”.
“Sin límites”
aparece en este blog porque, a pesar de sus defectos formales y de guión (que
los tiene, crítica que no se le puede hacer a la novela) me parece una buena
película dentro de su género de películas que yo llamo (con todos mis respetos
a los frutos secos) “palomiteras”.
El inicio del
filme no puede ser más prometedor: Bradley Cooper es Eddie Morra, un aspirante
a escritor que sufre un bloqueo crónico a la hora de crear una novela en la que
lleva atascado años. Su vida es un desastre e incluso su novia, harta ya de su
actitud de perdedor, termina por abandonarle. Pero un día, un encuentro
fortuito con un antiguo cuñado al que no ve hace años va a darle un giro de 180
grados a su existencia. Su ex cuñado es un camello de poca monta que anda
metido en la distribución de una nueva droga de diseño llamada NZT y le da una
pastilla a Eddie para que la pruebe. Éste lo hace y comprueba cómo esa droga
revolucionaria en fase de experimentación le permite aprovechar todo su
potencial cognitivo. Puede aprovechar todo lo que ha visto, oído o leído, e
incluso aprender un nuevo idioma con solo escucharlo. De hecho, es capaz de
finalizar en pocas horas la novela que llevaba años sin acabar en su ordenado.
Eddie consigue seguir tomando NZT y llega incluso a conquistar Wall Street, lo
que hace que un magnate (Robert De Niro) se fije en él y le proponga formar
parte de la fusión corporativa más importante de la historia. Pero, claro,
Eddie no es el único que conoce y que necesita cada vez más NZT…
Como se ve,
nada nuevo bajo el sol, y sin embargo “Sin límites” consigue mantenerte pegado
a la pantalla, fantaseando con los efectos de esta droga revolucionaria en tu
propia persona, como si de una vuelta a la infancia se tratara y te trasladases
a ese cine de sesión continua cualquier tarde de sábado con una bolsa de palomitas
en una mano y una chocolatina en la otra, dispuesto a dejarte seducir por
cualquier fantasía que hiciera volar tu imaginación, sin fijarte demasiado en
los fallos de guión o los saltos de raccord.
Bendita
inocencia. Quién pudiera ser Eddie Morra por unas horas…

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