martes, 25 de febrero de 2020

SIN LÍMITES, DE NEIL BURGER


“Sin límites” es una película del año 2011 protagonizada por un Bradley Cooper convertido ya en toda una estrella después de haber protagonizado la taquillera “Resacón en Las Vegas” y su secuela. Está dirigida por Neil Burger, un director no demasiado conocido, que había firmado anteriormente “El ilusionista” y que tres años más tarde dirigiría la primera de las películas de la saga “Divergente”.
En realidad “Sin límites” (que es la adaptación de la novela “The dark fields”, de Alan Glynn, un libro que sin dejar de tener forma de best seller es bastante superior en cuanto a contenido a su adaptación cinematográfica) no pasa de ser una más de esas películas fantacientíficas, aunque con una factura excelente y un elenco de populares (y en ocasiones solventes) actores que dan brillo a la producción. En la película que nos ocupa, el grueso de la responsabilidad recala en los fornidos hombros de Cooper y un desganado Robert De Niro le da la réplica en algunas escenas. Les acompaña la actriz australiana Abbie Cornish, que dos años antes había protagonizado la cinta de Jane Campion “Bright Star”.

“Sin límites” aparece en este blog porque, a pesar de sus defectos formales y de guión (que los tiene, crítica que no se le puede hacer a la novela) me parece una buena película dentro de su género de películas que yo llamo (con todos mis respetos a los frutos secos) “palomiteras”.
El inicio del filme no puede ser más prometedor: Bradley Cooper es Eddie Morra, un aspirante a escritor que sufre un bloqueo crónico a la hora de crear una novela en la que lleva atascado años. Su vida es un desastre e incluso su novia, harta ya de su actitud de perdedor, termina por abandonarle. Pero un día, un encuentro fortuito con un antiguo cuñado al que no ve hace años va a darle un giro de 180 grados a su existencia. Su ex cuñado es un camello de poca monta que anda metido en la distribución de una nueva droga de diseño llamada NZT y le da una pastilla a Eddie para que la pruebe. Éste lo hace y comprueba cómo esa droga revolucionaria en fase de experimentación le permite aprovechar todo su potencial cognitivo. Puede aprovechar todo lo que ha visto, oído o leído, e incluso aprender un nuevo idioma con solo escucharlo. De hecho, es capaz de finalizar en pocas horas la novela que llevaba años sin acabar en su ordenado. Eddie consigue seguir tomando NZT y llega incluso a conquistar Wall Street, lo que hace que un magnate (Robert De Niro) se fije en él y le proponga formar parte de la fusión corporativa más importante de la historia. Pero, claro, Eddie no es el único que conoce y que necesita cada vez más NZT…
Como se ve, nada nuevo bajo el sol, y sin embargo “Sin límites” consigue mantenerte pegado a la pantalla, fantaseando con los efectos de esta droga revolucionaria en tu propia persona, como si de una vuelta a la infancia se tratara y te trasladases a ese cine de sesión continua cualquier tarde de sábado con una bolsa de palomitas en una mano y una chocolatina en la otra, dispuesto a dejarte seducir por cualquier fantasía que hiciera volar tu imaginación, sin fijarte demasiado en los fallos de guión o los saltos de raccord.
Bendita inocencia. Quién pudiera ser Eddie Morra por unas horas…

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