lunes, 9 de marzo de 2020

GLORIA BELL, DE SEBASTIÁN LELIO


Gloria parece un personaje creado para esa excelente y orgánica actriz que es Julianne Moore, especialista en personajes e historias trascendentes a los que ella dota aún más, si cabe, de una especial fragilidad y humanidad.
“Gloria Bell” es un remake del film chileno del mismo nombre, que arrasó en los festivales de cine del año 2013 consiguiendo bastantes premios y elogios para su protagonista, la actriz chilena Paulina García. Su director se ha encargado también de la dirección de su versión norteamericana y aunque no aporta realmente nada nuevo, es de agradecer que no haya hecho lo que su colega (de profesión)  Michael Haneke con “Funny Games”, cuando se limitó a copiar plano a plano la versión original. No, X ha hecho una adaptación de su historia a la cultura norteamericana y ha (re) creado un film en el que la música es una parte importante de la historia, como reflejo de los diferentes estados de ánimo que atraviesa la protagonista a lo largo del metraje.

La historia de “Gloria Bell” es en realidad muy sencilla y costumbrista, pues cuenta la cotidianidad de Gloria, una atractiva mujer en la cincuentena, divorciada hace más de diez años, que vive sola, pues sus hijos ya son adultos y tienen sus propias vidas. Gloria es amorosa, comprensiva y generosa… y le encanta ponerse guapa y salir a bailar música de los 70 y 80 por lugares en los que la fauna masculina a la que tiene oportunidad de conocer no es la más deseable. Acompañando a Julianne Moore en su periplo nos encontramos al gran John Turturro en una también excelente interpretación, y en papeles más discretos a Michael Cera (interpretando al hijo de Gloria) o a Sean Astin (niño prodigio de los 80 y últimamente más de actualidad gracias a “El Señor de los Anillos”).
En realidad, “Gloria Bell” es una historia sobre la soledad y  está pensada para el lucimiento de su actriz protagonista, a lo que no es ajeno el carisma de la actriz que la interprete. Si Patricia lo tenía en la historia chilena, y mucho, Julianne Moore no le va a la zaga y crea su propia Gloria a la que cede su físico (tan determinante en sus interpretaciones) y esa fragilidad tan especial que posee la actriz y que aporta a todos sus papeles.
A pesar de que me parece un remake absolutamente innecesario, “Gloria Bell” es un buen ejercicio de adaptación a una cultura y unos códigos diferentes partiendo de un mismo guion. Y es un regalo para los amantes de las buenas historias, las buenas interpretaciones y, sobre todo, de Julianne Moore como mujer y como actriz. Como siempre, una delicia.


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