Con permiso de las anteriores adaptaciones de la célebre novela de
Charlotte Brontë (entre ellas el clásico de los años 40 de Robert Stevenson,
protagonizada por Joan Fontaine; y una más reciente a cargo de Franco
Zeffirelli con Charlotte Gainsbourg al frente), la “Jane Eyre” de 2011, de
momento la última, me parece la definitiva, por no decir la mejor. Creo que el
joven director Cary Joji Fukunaga ha conseguido recrear el asfixiante e
hipnótico mundo de Brontë de una manera ejemplar, con una atractiva sobriedad
que la da a la película una pátina de atemporalidad que trasciende el momento
en que fue rodada.
Quizá era esta forma de hacer cine la que necesitaba la adaptación a la
pantalla de este clásico de la literatura romántica, con una puesta en escena
elegante y comedida, lejos de la artificiosidad y el barroquismo de anteriores
adpataciones.
Realmente, Fukunaga, director norteamericano de herencia japonesa y
sueca, se ha rodeado de un magnífico equipo con el que ha conseguido construir
una auténtica obra de autor, a la que no son ajenos los actores: una magnífica
y contenida Mia Wasikowska en el papel de Jane Eyre y el atractivo (y un pelín
sobrevalorado) Michael Fassbender como el torturado Edward Rochester. Y entre
los secundarios no podemos dejar de mencionar a Judi Dench y Jamie Bell en dos
papeles definitivos, y magníficamente interpretados, para la historia.
La dramaturga y actriz Moira Buffini ha sido la encargada de convertir
en guion la novela de Charlotte Brontë y el brasileño Adriano Goldman (que ya
trabajó con Fukunaga en su primer filme, “Sin nombre”) firma la exquisita
fotografía de la película, con escenas tan bellas en ocasiones que son casi
pictóricas. Mención aparte merece la banda sonora, una bellísima y sugerente
partitura del premiado compositor italiano Dario Marianelli, autor también de
la música de películas tan populares como “V de Vendetta”, “Los hermanos Grimm”
o “Agora”, entre otras muchas.
Con todos estos elementos, “Jane Eyre” se convierte es un auténtica
delicia para los sentidos, independientemente de si eres o no admirador de la
triste historia de la huérfana Jane, que acaba trabajando como institutriz en
la gran mansión del siniestro Sr. Rochester, rodeada de un paisaje abrupto y
difícil, y que a pesar de todas las vicisitudes es capaz de ser fiel a sí misma
y a sus principios y, precisamente gracias a ello, consigue salir airosa de las
situaciones más terribles.
Así, que, desde aquí, os recomiendo su visión, en caso de que se os
pasara por alto en el momento de su estreno. Realmente merece la pena pasar dos
horas sumergidos en el asfixiante universo de Charlotte Brontë.

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