Esta película estrenada en 1989 fue la gran sensación del cine
independiente de principios de los años 90 y la que abrió camino a este tipo de
películas llamadas indie que llegarían
posteriormente. Y es que fue toda una revelación y una película
significativamente revolucionaria. Empezando por un título, que por su
extensión podría parecer poco comercial pero que fue todo lo contrario,
atreviéndose a incluir la palabra sexo, lo que ya fue todo un revulsivo para
las mentes bien pensantes del puritano Estados Unidos.
Además, “Sexo, mentiras y cintas de vídeo” demostró que con un pequeño
presupuesto (un millón de dólares escaso) se podía hacer un film que arrasaría
allá por donde pasara (llegó a recaudar cerca de cuarenta millones de dólares
de la época), basado en un compendio de factores que lo hacía muy interesante.
Para empezar un buen guion, en el que se hablaba de sexo, infidelidad y tabúes
sexuales y en el que las mujeres asumían roles hasta entonces reservados a los
papeles masculinos.
Tanto el guion como la dirección estaban firmadas por un joven Steven
Soderbergh que filmaba su primera película con pocos actores en sencillas
localizaciones, lo que dotaba a la película de una estética que la acercaba al
cine testimonial o documental. Y además, Soderbergh fue también un adelantado a
su tiempo al hablar de voyeurismo (centrado en las conversaciones que uno de
los protagonistas graba en vídeo y después visiona para satisfacer su
disfunción sexual) y de diferentes tabúes sexuales sin tapujos.
La historia no puede ser más simple: Ann y John (Andie MacDowell y Peter
Gallagher) son una pareja acomodada cuya vida sexual en común es nula. Y
reciben la visita de un antiguo amigo de John, Graham (James Sapder), que está
buscando casa por la zona y se queda a vivir con la pareja mientras la
encuentra. Graham es impotente y tiene una afición: graba en vídeo a mujeres a
las que pregunta sobre su experiencia y costumbres sexuales. A todo esto, John,
que es el típico yuppie machista y pagado de sí mismo tiene una relación sexual
con su desinhibida y deslenguada cuñada Cynthia (Laura San Giacomo).
Con este argumento, según Soderbergh escrito en poco más de una semana
durante un viaje por los Estados Unidos, el joven director de 26 años (el más
joven en ganar la Palma de Oro de Cannes como mejor director por esta película)
consiguió un film que arrasó en Sundance y en los grandes festivales de varios
países por su sencillez y osadía.
“Sexo, mentiras y cintas de vídeo” también lanzó al estrellato a sus
cuatro protagonistas: un ya consolidado en la industria James Spader, y unos
semi desconocidos Laura San Giacomo (ganadora de un Independent Spirit Award
por su interpretación), Peter Gallagher y, sobre todo, Andie MacDowell, que
después de ser modelo para L’Oréal y Calvin Klein y haber interpretado a Jane
en “Greystoke, la leyenda de Tarzán” (aunque doblada con la voz de Glenn
Close), consiguió el espaldarazo definitivo para pasar a la primera fila de
intérpretes de su generación.

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