En el año 2013 (¡hace ya casi siete años!... tempus fugit) se estrenó
esta poética película del director Spike Jonze, que ya se había ganado a un
cierto sector del público con alguno de sus trabajos anteriores, como
“Adaptation” o “Cómo ser John Malkovich”. Siempre historias cotidianas y
conflictos humanos vistos desde una perspectiva diferente.
Y justamente esa es también la historia de “Her”. En un posible futuro
cercano (y visto lo visto, cada vez más posible y realmente cercano) Theodore (un
natural y delicado Joaquin Phoenix) trabaja en una empresa en la que se dedica
a escribir cartas personales a los seres queridos de personas que por alguna
razón no pueden hacerlo. Theodore es un tipo solitario e introvertido que
escribe preciosas y emotivas cartas de todo tipo, pero con una vida personal
bastante vacía. Tiene un amigo, una amiga (Amy Adams) y una ex novia (Rooney
Mara) con la que no acabó del todo bien. Pero su vida cambia cuando un buen día
se descarga en su ordenador un nuevo sistema operativo informático inteligente
que aporta como novedad que es capaz de evolucionar de forma diferente con cada
usuario. Responde al nombre de Samantha y en la versión original posee la
sensual voz de Scarlett Johansson. Sin darse apenas cuenta Theodore y Samantha
inician una relación que va más allá de lo profesional y que no se diferencia
en nada de las relaciones humanas de pareja.
“Her”, que mucha gente definió en su momento como “aquella peli en que
un tío se enamora de su ordenador”, es mucho más que eso. De hecho, ni siquiera
ese es su argumento. Es una profunda reflexión sobre la soledad humana y las
relaciones de pareja. Y también sobre cómo el amor puede ser, además de una
emoción o sentimiento generador de endorfinas, algo que nos puede aislar del
resto del mundo.
Sirviéndose de esta relación, y a través de las conversaciones que
mantienen Samantha y Theodore asistimos a las diferentes fases de su relación
(de pareja) y nos vemos reflejados en esos estados de ánimo por los que, sobre
todo, pasa Theodore, en el fondo un pobre ser humano lleno de inseguridades y
miedos que aún se hacen más patentes frente a la personalidad del sistema
operativo Samantha, que es en realidad otra forma de conciencia, mucho más
evolucionada y que ha trascendido todas esas emociones (posesión, miedo, celos,
agresividad, rencor…) que nos dificultan tanto alcanzar un estado de paz con
nosotros mismos y, por ende, con el resto de personas que nos rodean. Vamos,
que Samantha se convierte a lo largo del film en esa persona que a todos nos
gustaría llegar a ser.
“Her” me parece tan instructiva e interesante como mil seminarios sobre
cómo superar nuestros miedos o nuestros malos hábitos con las parejas o con las
personas que amamos o, en definitiva, con nosotros mismos. Esta fábula de
ciencia ficción es una de las mejores reflexiones sobre el ser humano y sus
emociones que he visto reflejada en la pantalla en los últimos tiempos. Y así
lo decidieron algunos de los festivales cinematográficos más relevantes, pues
su guion se vio premiado en la mayoría de ellos, incluyendo el prestigioso
Oscar.
La recomiendo encarecidamente desde aquí y me despido con un mensaje
inspirador: todos podemos llegar a ser Samantha, sólo hay que proponérselo.

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