Después de una aplaudida opera prima (“La infancia
de un líder”, que triunfó en el Festival de Venecia en el año 2015), el actor y
director Brady Corbet (fue uno de los protagonistas de la adaptación
norteamericana de “Funny Games”, de Haneke) vuelve a la carga con una película
que se podría haber titulado perfectamente “La infancia de una líder pop”.
Ocurrencias aparte, la realidad es que su nuevo filme, estrenado a finales de 2018, se titula “Vox Lux”, que es
también el pretencioso título del nuevo trabajo discográfico de Celeste, el
personaje de la pretenciosa diva pop protagonista de la cinta.
No es casualidad que el adjetivo pretencioso se
repita tanto en el párrafo anterior. Es un adjetivo con el que algunos podrían
referirse a “Vox Lux”, una película en clave de (oscura) fábula dividida en
tres actos narrativos y con una presentación y un ritmo que ya demuestra desde
los títulos de crédito que estamos ante una obra de autor que pretende (de
nuevo) salirse de lo convencional, pues toma estructura y recursos estilísticos
de directores tan personales como Lars Von Trier o Satanley Kubrick. A ello
contribuye, también y en gran medida, la voz de Willem Dafoe como narrador
omnipresente de este cuento de hadas negro en tono millenial y la inquietante
banda sonora de Scott Walker salpicada de un ramillete de redondas canciones
pop compuestas para la ocasión por la no menos inquietante Sia.
La historia de “Vox Lux” empieza en los albores
del nuevo siglo XXI, cuando la joven Celeste (encarnada en su adolescencia por
la joven actriz, aunque ya veterana en esto de la interpretación, Raffey
Cassidy, que ofrece aquí una sensible interpretación llena de matices, pues
encarna a Celeste en su juventud, pero también a la hija adolescente de
Celeste, Albertine, al final de la película) sobrevive en 1999 a una matanza en
su instituto directamente inspirada en los hechos que sucedieron en Columbine en
el mismo año. Durante su recuperación en el hospital, y para llenar las horas
de aburrimiento, compone junto a su hermana Stacey (Stacey Martin) una canción
que se convierte en todo un himno de consuelo nacional ante la tragedia
ocurrida. Después de la intervención de un avispado manager de la industria
musical (Jude Law), que ve en ella el potencial necesario, empieza la
transformación de Celeste, que pasará de ser una apocada adolescente a
convertirse en la nueva sensación musical del país, acabando la película en
2017 encarnada por Natalie Portman (en el que dicen es el mejor papel de su
carrera desde “Cisne negro”. Hay que reconocer que la actriz de origen hebreo
se ha entregado a fondo lanzándose a cantar y bailar las complicadas
coreografías de su personaje), transformada ya en toda una diva pop cínica y
vacía, que suelta frases tipo: “Mis canciones cada vez son peores, pero cada
vez se venden más” o “No quiero que la gente tenga que pensar mucho, sólo
quiero que lo pasen bien”. Todo un reflejo de la evolución de la propia
sociedad norteamericana en el nuevo siglo y, por supuesto, de la nueva América
agresiva, ignorante y amnésica que tanto ansía y predica Trump.
Hay que reconocer que Corbet logra realizar un
acertado retrato de la sociedad del nuevo siglo a través de unos personajes que
no saben muy bien hacia dónde dirigirse
y que rezuman dolor y desconfianza a partes iguales, empeorando conforme
avanza el relato. La Celeste pura e inocente del principio de “Vox Lux” nada
tiene que ver (ni siquiera la actriz que la interpreta) con la diva agresiva,
cínica e histriónica en la que se ha convertido menos de veinte años después.
Aunque parezca un exceso, los últimos veinte minutos del filme, que nos
muestran el concierto de la megaestrella Celeste son necesarios para
transmitirnos la magnitud del endiosamiento de la diva a través de su puesta en
escena. Celeste aparece en el escenario pletórica, completamente disfrazada de
ser irreal, envuelta en brillos y purpurina, etérea brincando entre sus
bailarines, cantando unas canciones que son puro ruido con letras sin sentido.
Una fachada vacía con un discurso vacío y manido como demuestra el pequeño
speech con el que atrapa a sus ya rendidos fans, en el que se declara la mujer
fuerte y ave fénix que, en el fondo, no es. Celeste es tan egocéntrica y
caprichosa que no se da cuenta que ella fue creada por el propio poder al que
ella (cree que) se enfrenta.
Es significativo el sueño que tuvo la joven
Celeste estando en el hospital después de la matanza de su instituto. Lo narra Willem Defoe hacia el final del film
y confiere a esta historia un punto de fábula sobrenatural. Quizás ahí esté la
clave de su éxito.

No hay comentarios:
Publicar un comentario