lunes, 9 de marzo de 2020

TODOS ESTÁN MUERTOS, DE BEATRIZ SANCHÍS


La directora Beatriz Sanchís había dirigido ya algunos cortos (de los cuales “Mi otra mitad” llamó especialmente la atención) cuando estrenó “Todos están muertos” en el año 2014. Su ópera prima resultó una original película con un pie en el realismo mágico latinoamericano, y no sólo por contar con dos grandes figuras del cine mexicano en su reparto, como son la televisiva actriz Angélica Aragón (estupenda en su papel de matriarca) y la gran Patricia Reyes Spindola (en una breve pero decisiva aparición).

“Todos están muertos” cuenta la historia de Lupe (la correcta y siempre con ángel Elena Anaya), una chica que fue una estrella del pop en los años 80 y que actualmente vive con su madre Paquita (Angélica Aragón), que es distribuidora de la marca de cosmética Marcel Cluny, y con su hijo Pancho (Cristian Bernal), un chico muy especial. Todos ellos viven marcados por la agorafobia  y el trastorno obsesivo compulsivo que padece Lupe, algo que provocó el accidente de tráfico en el que murió el hermano de Lupe, Diego (Nahuel Pérez Biscayart), quince años atrás. Además, Paquita padece una enfermedad terminal y desea dejar todo arreglado antes de su muerte, así que, consciente de la situación traumática en la que vive su hija, decide contactar con una santera (Patricia Reyes Spindola) para que traiga a Diego de entre los muertos y que pueda saldar cuentas con su hija.
A pesar del guion un poco caótico, por tener demasiados frentes abiertos dentro de una misma historia (las patologías de Lupe, la enfermedad terminal de Paquita, la vuelta de Diego como fantasma, la inadaptación de Pancho), “Todos están muertos” es un filme ameno y con ritmo, incluso con situaciones muy bien resueltas. Por ejemplo, es un acierto que Groenlandia sea el nombre del grupo de Lupe y su hermano Diego, con el que triunfaban en la movida madrileña de los 80; inevitable la referencia a uno de los temas icónicos del pop de esa época (“Groenlandia” de Los Zombis). Y la fotografía a cargo de Álvaro Gutiérrez consigue recrear las actuaciones del grupo durante esa época con una fidelidad pasmosa.
Otro de los aciertos del filme es el actor Patrick Criado, que interpreta a Víctor, un compañero de clase de Pancho, que es también un inadaptado como él pero en el extremo opuesto. Su personaje es un chico de estética grunge, con un halo entre Kurt Cobain y Jim Morrison, que es el ídolo de Pancho, y del que éste consigue hacerse amigo gracias a que Víctor era un admirador del grupo Groenlandia y está enamorado de Lupe desde los tiempos en que ella era una estrella.
Conforme va avanzando el filme los nudos se van deshaciendo de forma natural, aunque hacia el final aún nos depara alguna que otra sorpresa, secretos de familia que pueden ser una bomba y que vienen a contar que, vivos o no, todos estamos muertos de una manera u otra.



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