La directora Beatriz Sanchís había dirigido ya
algunos cortos (de los cuales “Mi otra mitad” llamó especialmente la atención)
cuando estrenó “Todos están muertos” en el año 2014. Su ópera prima resultó una
original película con un pie en el realismo mágico latinoamericano, y no sólo
por contar con dos grandes figuras del cine mexicano en su reparto, como son la
televisiva actriz Angélica Aragón (estupenda en su papel de matriarca) y la
gran Patricia Reyes Spindola (en una breve pero decisiva aparición).
“Todos están muertos” cuenta la historia de Lupe
(la correcta y siempre con ángel Elena Anaya), una chica que fue una estrella
del pop en los años 80 y que actualmente vive con su madre Paquita (Angélica
Aragón), que es distribuidora de la marca de cosmética Marcel Cluny, y con su
hijo Pancho (Cristian Bernal), un chico muy especial. Todos ellos viven
marcados por la agorafobia y el trastorno
obsesivo compulsivo que padece Lupe, algo que provocó el accidente de tráfico
en el que murió el hermano de Lupe, Diego (Nahuel Pérez Biscayart), quince años
atrás. Además, Paquita padece una enfermedad terminal y desea dejar todo
arreglado antes de su muerte, así que, consciente de la situación traumática en
la que vive su hija, decide contactar con una santera (Patricia Reyes Spindola)
para que traiga a Diego de entre los muertos y que pueda saldar cuentas con su
hija.
A pesar del guion un poco caótico, por tener
demasiados frentes abiertos dentro de una misma historia (las patologías de
Lupe, la enfermedad terminal de Paquita, la vuelta de Diego como fantasma, la
inadaptación de Pancho), “Todos están muertos” es un filme ameno y con ritmo,
incluso con situaciones muy bien resueltas. Por ejemplo, es un acierto que
Groenlandia sea el nombre del grupo de Lupe y su hermano Diego, con el que
triunfaban en la movida madrileña de los 80; inevitable la referencia a uno de
los temas icónicos del pop de esa época (“Groenlandia” de Los Zombis). Y la fotografía
a cargo de Álvaro Gutiérrez consigue recrear las actuaciones del grupo durante
esa época con una fidelidad pasmosa.
Otro de los aciertos del filme es el actor Patrick
Criado, que interpreta a Víctor, un compañero de clase de Pancho, que es
también un inadaptado como él pero en el extremo opuesto. Su personaje es un
chico de estética grunge, con un halo entre Kurt Cobain y Jim Morrison, que es
el ídolo de Pancho, y del que éste consigue hacerse amigo gracias a que Víctor
era un admirador del grupo Groenlandia y está enamorado de Lupe desde los
tiempos en que ella era una estrella.
Conforme va avanzando el filme los nudos se van
deshaciendo de forma natural, aunque hacia el final aún nos depara alguna que
otra sorpresa, secretos de familia que pueden ser una bomba y que vienen a
contar que, vivos o no, todos estamos muertos de una manera u otra.

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