Tras su debut en 2011 en el mundo del
largo (pues ya había sido dibujante de cómics y realizado algunos cortos, todo
ello con indudable éxito) con “Diamond flash”, la evolución del barcelonés
Carlos Vermut como director se puede decir que es excelente, siempre contando
historias con contenido, bien resueltas y que tocan el corazón.
Pero, según la crítica especializada,
parece ser que con “¿Quién te cantará?” ha llegado a su consagración como
cineasta, y sólo con 38 años. De hecho, muchos ya ven en él al nuevo Almodóvar,
quizá por el peso que los personajes femeninos tienen en sus películas y
también que, es verdad, hay algo en su cine que remite en cierta manera al
personal universo del director manchego.
La última película de Vermut cuenta la
historia de Lila Cassen, una cantante pop de los años 90 que lleva diez
retirada de los escenarios. Justo cuando está planeando su vuelta sufre un
accidente que la deja amnésica y no le queda más remedio que, asesorada por su
asistente, contratar a una imitadora para que le ayude a recordar quién era
como artista.
Realmente, así de entrada el argumento
parece un poco rocambolesco; una de las
historias de Almodóvar, con todos sus ingredientes típicos: una diva de la
escena, una asistente, amnesia, una imitadora…. No cualquiera consigue hacer
una película seria de un argumento (en principio) un tanto inverosímil. Pero
Carlos Vermut lo consigue, y supera con creces las expectativas que crearon sus
anteriores films. Y a ello no es ajeno el fantástico equipo artístico del que
se ha rodeado para llevar a la pantalla el guion (también obra suya) de “¿Quién
te cantará?”. Desde la elegante y minimalista fotografía de Eduard Grau a la no
menos elegante, y melancólica, banda sonora obra de Alberto Iglesias (habitual
del universo Almodóvar, nueva coincidencia). Y, sobre todo, la acertadísima
elección del cuarteto de actrices protagonistas: Najwa Nimri (evocadora,
misteriosa, cercana, inalcanzable, inquietante…. La mirada profunda y perdida
de su Lila Cassen es un prodigio de interpretación, vagando como un alma
perdida entre los recuerdos desconocidos de su casa junto al mar tras el
accidente que la dejó inconsciente. Ya la primera escena del film, en la que
sus manos recorren su propia cara como si de una desconocida se tratara es
impactante), Carmen Elías (fantástica, como siempre, en el papel de Blanca, la
asistente de Lila. Una gran actriz para un papel no demasiado exprimido pero al
que sólo una gran dama de la actuación como ella puede aportar la dimensión que
tiene que tener), Natalia de Molina (odiosa como la hija “nini” de la imitadora
de Lila, llena de agresividad e ira contenida; el azote de su madre, a la que
tiene silenciosamente aterrorizada) y, por supuesto, Eva Llorach (actriz
presente en todos los largometrajes de Carlos Vermut) como Violeta, la
imitadora de Lila que trabaja cantándola en un karaoke. Las dos comparten
nombre y son como el desdoblamiento de un mismo personaje. Su interpretación no
es tal; es un ejercicio de sensibilidad y de ponerse al servicio de un
personaje convirtiéndose en Violeta en carne viva. Un gran trabajo actoral que
se vio recompensado con un Goya a la Mejor Actriz Revelación en la última
edición de los premios.
Como curiosidad, decir que Vermut ha
aprovechado alguna de las canciones de Najwa Nimri para el repertorio de su
personaje Lila Cassen y que, gracias a esta película, he redescubierto la
personal voz de Eva Amaral, encargada de cantar las canciones de Violeta, su
imitadora.

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