El veterano
director norteamericano Edward Zwick (responsable de grandes éxitos del cine
comercial como “Leyendas de pasión”, “Yo soy Sam”, “El último samurái” o
“Diamante de sangre”) fue el encargado en 1986 de trasladar a la pantalla
grande la adaptación de la corrosiva obra de teatro “Perversión sexual en
Chicago” de David Mamet, una dura sátira sobre los restos de la revolución
sexual de los años 60.
¿El resultado?
Una comedia sobre las vicisitudes sentimentales y sexuales de unos
descerebrados e inestables jóvenes hombres y mujeres protagonizada por dos
mediáticas estrellas del momento (Rob Lowe y Demi Moore, que ya habían
coincidido en otro clásico de los 80 como “St. Elmo punto de encuentro”) y con
los excelentes James Belushi y Elizabeth Perkins en sendos papeles secundarios.
En “Qué pasó
anoche” asistimos al encuentro fortuito de Danny y Debbie (Rob Lowe y Demi
Moore), que tienen un flechazo a primera vista y entran casi sin pensarlo en la
típica relación sentimental (tantas veces vista en el cine) en la que la chica
quiere comprometerse pero el chico es un bala perdida con un visceral miedo al
compromiso. Y así transcurre la película. El cómico James Belushi encarna al
(también típico) amigote del protagonista, un picha brava maleducado y
primitivo que solo piensa en el sexo y no está dispuesto a que una buena chica
caze a su compañero de correrías sexuales. Y Elizabeth Perkins hace lo propio
en su papel de la (también típica) mejor amiga de la protagonista que no es tan
guapa como ella y por lo tanto tiene peor suerte en el amor, pero que tiene un
humor negro y una lengua viperina que la hacen muy atractiva. Como véis “Qué
pasó anoche” está llena de tópicos.
Es una pena
que los guionistas de la película prescindieran casi por completo de la
interesante carga de humor negro de la historia original de Mamet y adaptaran
la obra a los gustos del público mayoritario transformándola en una previsible
película comercial en la que lo mejor son, sin duda, los personajes
secundarios, dentro de sus limitaciones, por supuesto.
En conjunto,
la película se deja ver de forma agradable y con cierta nostalgia por lo simple
de sus planteamientos y por ese aire vintage de los 80. Y también por la
belleza de sus protagonistas, de lo que se aprovecha el director mostrando
varios planos de Demi Moore desnuda y también de Rob Lowe (él no frontales, por
supuesto), que aunque justificados dentro de un contexto argumental no dejan de
ser un reclamo para los fans de los actores del momento.

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