Esta película, estrenada hace ahora once
años y escrita y dirigida al alimón por Félix Sabroso y Dunia Ayaso (muy
populares en aquel momento por el boom que supuso “Perdona, bonita, pero Lucas
me quería a mí”) me parece, por encima de todo, muy triste. Y es que refleja
una época, finales de los años 70, y un entorno, el cine del destape de
aquellos años recién muerto el dictador Franco y con una España que despertaba
a todo, que son ciertamente grises y en los que la mujer sufría continuos
abusos y un machismo exacerbado.
Sin ningún atisbo de nostalgia, los
directores han construido un film que navega entre la comedia y el drama, y que
es más una crítica que un tributo a este tipo de cine de aquella época, fruto
directo de los años de represión de la dictadura, y que dieron pie a que, una
vez llegada la democracia se rodaran unas películas que cumplían exclusivamente
con la misión de mostrar carnaza (femenina) para que el machito español
satisficiera su sexualidad tanto tiempo reprimida. Ni más ni menos. Ese era el
origen de las películas “S”, que no llegaban a ser porno porque no se mostraban
imágenes de sexo explícito, pero que con un argumento inverosímil, e incluso a
veces inexistente, trasladaban a la pantalla grande las (supuestas) fantasías
sexuales masculinas. Por estas películas desfilaron algunas actrices ya
consolidadas a las que no les quedó más remedio que enseñar teta y culo para
seguir trabajando, y también otras que nacieron con este cine y que
desaparecieron una vez que la moda fue historia.
En “Los años desnudos” las protagonistas
son Lina (Goya Toledo), Sandra (Candela Peña) y Eva (Mar Flores), tres mujeres
de procedencias y bagajes muy diferentes que acaban coincidiendo en Madrid
haciendo películas “S”. A través de la historia de estas tres mujeres, los
directores de “Los años desnudos” hacen un buen retrato del ambiente de
aquellos rodajes, en los que a las chicas (no mujeres, como bien se dice en una
de las demoledoras frases de la película) sólo se les pedía que fueran
fotogénicas y enseñaran el cuerpo. Como refleja el filme, muchas veces no tenían
ni tan siquiera que aprenderse los diálogos pues se las doblaba en las
postproducción. Así, vemos cómo evolucionan estos tres personajes a los largo
de los años, mientras se cruzan en su camino directores con ínfulas de artistas
o productores sin escrúpulos que las tratan como meros objetos.
Las tres actrices protagonistas hacen un
buen trabajo, pero especialmente destaca la siempre auténtica (haga lo que
haga, es lo que tiene ser emoción en estado puro) Candela Peña, para mí una de
las mejores actrices de nuestro cine, a la altura de grandes damas de la
interpretación como Hanna Schygulla o Romy Schneider. Siempre dejando ver parte
de su alma en cada personaje. Como contrapunto, el sector masculino de la
película, con los fantásticos Antonio de la Torre y Luis Zahera al frente, no
van a la zaga en cuanto a nivel interpretativo se refiere.
En el momento de su estreno, y siendo
todavía cercana la época que retrata la película, muchos quisieron ver
similitudes con la realidad y se comentó que María José Cantudo, Nadiuska y
Ágata Lys habían servido de inspiración para los personajes de "Los años
desnudos”. Dunia Ayaso y Félix Sabroso ni confirmaron ni desmintieron aunque
fueron bastante claros en la frase que cierra el filme: “A todas las mujeres
del cine de transición. Cada una de sus vidas merece una película”. Un broche
de oro para una buena ¿historia?

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