Este 2018 se cumplen diez años del
estreno de esta sencilla película independiente del director Alex Holdridge,
digna heredera del cine “indie” de los 90 y que arrasó en una veintena de
festivales, incluido el de Gijón, consiguiendo también el Premio John Cassavetes
del año 2009.
A pesar de estar rodada en glorioso
blanco y negro (aunque en la posterior edición en DVD coleccionista se incluía
la versión rodada en color de la cinta como extra), "Buscando un beso a
medianoche” está en cierta manera emparentada también con las películas (ya
consideradas de culto) de Richard Linklater “Antes del amanecer” y “Antes del
atardecer”, rodadas en 1995 y 2004 respectivamente, y también con la
relativamente reciente “Antes de que te vayas” (dirigida por el actor Chris Evans
en 2014). Y es que realmente tienen mucho en común estas historias que hablan
de la aventura del conocimiento y la seducción entre un hombre y una mujer que
sucede a lo largo de una noche en medio del ajetreo (o la calma en algún caso)
típicamente nocturno de una gran ciudad.
Así como Linklater rodó sus historias
siempre con el mismo equipo actoral, al director oriundo de Atlanta Alex
Holdriege le ocurre lo mismo. Para ésta su tercera película volvió a contar con
los actores de sus otras dos cintas (los texanos Scoot McNairy y Sara Simmonds)
y él mismo declaró en alguna entrevista que escribió la historia de “Buscando
un beso a medianoche” pensando en Simmonds como actriz protagonista.
El principio de la película no puede ser
más prometedor: Wilson es un escritor en la treintena que, proveniente de
Texas, vive en Los Angeles sin conseguir el gran éxito que esperaba y recién
abandonado por su novia. Animado por su compañero de piso pone un anuncio buscando
una cita con alguna chica. Vivian responde al anuncio y quedan justamente la
noche de fin de año para conocerse. Pero ambos no pueden ser más diferentes, y
la ciudad de Los Angeles es el escenario ideal para encontrarse (y
desencontrarse) a lo largo de esa noche tan especial.
Al visionar la película no puedes evitar
sentir cierta nostalgia por esa época en la que, ingenuamente, pensabas que
cualquier cosa podía suceder por la noche, incluso sentir una brutal conexión
con alguien a quien acabas de conocer, que es un poco lo que les pasa a los
protagonistas. En apenas noventa minutos de película asistimos a la evolución
de unos personajes que se nos presentan al principio de una manera para
conseguir, al final, que hayamos cambiado por completo nuestra percepción de
sus personalidades. Esto no es fruto de la casualidad, sino de un sólido guion
lleno de diálogos inteligentes y giros que dibujan unos personajes a los que
los actores dotan de vida propia y que nos mantienen pegados a la butaca, en
completa identificación con sus, a veces un poco surrealistas, situaciones y
vicisitudes nocturnas.
Además del buen guion y el excelente
trabajo de la pareja protagonista (y los excelentes secundarios, también muy
importantes en la historia) es muy de agradecer que el director haya decidido
mostrar y fotografíar a la ciudad de Los Angeles de una forma poco habitual,
huyendo de los tópicos escenarios cinematográficos a los que estamos
acostumbrados. Y una última recomendación: si es posible intentad ver la
película en su versión original.
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