Esta pequeña película del año 2008 es, en
mi opinión, el mejor trabajo interpretativo de Luke Wilson hasta el momento. El
actor, hermano de los también actores Owen y Andrew Wilson, realiza aquí una
buena labor interpretativa para la que resultan ideales ese inexpresividad y
cierta actitud pasota que a veces se le ha reprochado en sus trabajos.
A pesar de que en su momento obtuvo unos
pobres resultados de taquilla y fue vapuleada por los críticos, a mí me parece
que “El milagro de Henry Poole” (prefiero el título original “Henry Poole is
here”) es una película más que correcta que nos habla de la situación personal
de un hombre gravemente enfermo, Henry Poole (Luke Wilson), que vuelve al
barrio de clase media de Los Angeles en el que creció para recluirse dentro de
una casa destartalada que acaba de comprar para ese fin. Pero muchas veces la
vida no ocurre tal y como la planificamos y en una de las paredes de su casa
aparecen unas extrañas manchas que son calificadas por su vecina Hope (la
actriz mexicana Adriana Barraza, a la que hemos visto en “Amores perros” y
“Babel”) como un milagro. Otra de sus vecinas y su hija (Radha Mitchell y la
entonces niña Morgan Lily, de lo mejor del filme) también serán definitivas
para hacer que Henry despierte de su letargo autodestructivo y vuelva a creer
en algo.
Es cierto que el guion de la película es
bastante previsible y que podría ser una de esos telefilmes de televisión de
las tardes de domingo, pero hay algo en ella que me conmueve y, en cuanto a su
fotografía y puesta en escena, se nota que su director proviene del mundo de
los videoclips. No en vano, Mark Pellington (responsable también de éxitos como
“Mothman, la última profecía”, con Richard Gere y la inquietante “Arlington
Road”, con Tim Robbins y Jeff Bridges) tiene tras de sí una dilatada
trayectoria como director de los clips musicales de artistas como Pearl Jam,
INXS, Bruce Springsteen, Moby, Keane o Michael Jackson. Así que sabe cuándo es
conveniente mostrar un primer plano, o añadir una melodía determinada para que
realce las imágenes.
A pesar de lo negativo que se pueda decir
(y que se ha dicho) de “El milagro de Henry Poole”, la historia es entretenida,
las interpretaciones son más que correctas y totalmente creíbles y, en mi caso,
consiguió mantenerme pegado a la pantalla para ver qué sucedía con la
surrealista situación que se desencadena en el jardín de la casa de Henry.
Además, la película está llena de
simbolismos y Pellington construye relaciones explícitas entre la fe religiosa
y la fe en la vida que Henry Poole ha perdido (en parte comprensible, porque se
ha enterado de que ya le queda poca), y los nombres de algunos personajes, como
la vecina Hope (Esperanza) y la dependienta del supermercado Patience
(Paciencia). Ambas serán algunas de las beneficiarias del milagro al que hace
referencia el título.
En definitiva, considero que “El milagro
de Henry Poole” es una película familiar e inspiradora que habla de temas como
la bondad, la tolerancia y que se sirve de la metáfora de la fe religiosa para
hablar de la recuperación de las ganas de vivir y la fe en la vida. Es una de esas
historias amables que te dejan un buen sabor de boca.

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