Esta pequeña película pasó por nuestras
pantallas hace ya algunos años dejando tras de sí una estela de buenas críticas
y un regusto agridulce en todos aquellos que la pudimos ver y descubrimos una
de aquellas joyitas que de vez en cuando se estrenan comercialmente sin mucho
bombo, pero que cuando sales del cine te sientes profundamente conmovido y con
la sensación de haber participado de un trozo de la vida más que de una
ficción.
“The Visitor” (su título no se tradujo,
gracias a los dioses, y se distribuyó con el original, ya sugerente de por sí
aunque no conozcas el idioma) es obra del director Thomas McCarthy (la ganadora
del Oscar a la mejor película en 2015, “Spotlight”, también es suya), que ya
nos tiene acostumbrados a un cine que va más allá del mero entretenimiento.
La historia empieza cuando Walter Vale,
un profesor de la universidad de Connecticut (interpretado por Richard Jenkins,
que recibió una nominación al Oscar, y que gracias a la serie de culto “A dos
metros bajo tierra” ya tenía una reputación) se ve obligado a trasladarse a
Nueva York para presentar un trabajo académico del que es coautor. De este
personaje deducimos, a través de pequeños detalles de la interpretación de
Jenkins (de esas en las que las miradas y los gestos son tan importantes como
los diálogos), que es un profesor veterano y acomodado, ya viudo, al que no le
apetece demasiado cualquier novedad que le obligue a salir de la zona de
confort en la que su vida está instalada. Por lo que suponemos que ese viaje a
la gran manzana, que inicia completamente desganado, va a significar algo más
que un trámite académico.
Y así es. Nada más poner un pie dentro de
su piso de Manhattan se encuentra a una chica dándose un baño en su bañera, que
se pone a gritar al verle y llama a otra persona que también está en su piso y
acude en ayuda de la chica. Tremendo susto para los dos, y además gran sorpresa
para el profesor, que no entiende qué es lo que sucede y por qué están aquellas
dos personas en su apartamento. Los visitantes a los que alude el título de la
película, aunque también se podría interpretar que él es el visitante de la
nueva aventura que se abre ante sí, son Tarek (Haz Sleiman), un músico sirio; y
Zainab (Danai Jekesai Gurira), una artesana de joyas senegalesa, que están en
su casa porque alguien les ha arrendado el apartamento haciéndose pasar por el
dueño.
El primer impulso del profesor Vale es
simplemente echarlos de su casa sin ir más allá, pero algo en su interior hace
que cambie de idea. Así que les convence para que regresen y se queden allí al
menos por esa noche, hasta que encuentren un lugar en el que vivir.
A partir de este momento empieza un viaje
iniciático, y de autodescubrimiento, para el profesor, que se implica
emocionalmente con esa pareja de inmigrantes sin papeles pero que no viven en
el mundo de la marginación; son artistas, cultos, y no quieren tener ni causar
problemas.
Este contexto le sirve a McCarthy para
construir una historia humana y real, en la que se pone de manifiesto la
injusticia de la vida de muchos indocumentados que llegan a un lugar dispuestos
a ofrecer y a construir una nueva vida, y que por la estúpida burocracia del país
de acogida se ven obligados a vivir en continua huida y con los sentidos
siempre alerta.
Además, asistimos al florecimiento del
cansado profesor que ve como su vida plana y aburrida se vuelve a llenar de
ilusión y música (literalmente) gracias a esos dos extraños que le despiertan
de su letargo enfrentándole a una realidad que le era completamente ajena, y
que le seduce y rebela.
Pero lo curioso de “The visitor” es que,
a pesar de que más o menos imagines por dónde va a ir el relato, te sorprende
durante el viaje que la película describe. Y eso hay que agradecérselo, además
de al guión, al trabajo excelente de unos actores que, sin excepción,
desarrollan unas interpretaciones llenas de sutilidad y matices, por otro lado
necesarias para plasmar con veracidad una realidad que también es así.
A destacar el trabajo de la actriz y
directora Hiam Abbass en el papel de Mouna, la madre de Tarek, que compone, al
igual que el resto, un personaje cautivador, fuerte y tierno a la vez. La
puntilla definitiva para que Walter Vale vuelva a la vida definitivamente.
Un spoiler, la película no tiene un final
feliz y reconfortante, pero cinematográficamente hablando es un final perfecto
y de un realismo aplastante. Esto no es Hollywood, es la vida.

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