martes, 25 de febrero de 2020

THE VISITOR, DE THOMAS McCARTHY


Esta pequeña película pasó por nuestras pantallas hace ya algunos años dejando tras de sí una estela de buenas críticas y un regusto agridulce en todos aquellos que la pudimos ver y descubrimos una de aquellas joyitas que de vez en cuando se estrenan comercialmente sin mucho bombo, pero que cuando sales del cine te sientes profundamente conmovido y con la sensación de haber participado de un trozo de la vida más que de una ficción.
“The Visitor” (su título no se tradujo, gracias a los dioses, y se distribuyó con el original, ya sugerente de por sí aunque no conozcas el idioma) es obra del director Thomas McCarthy (la ganadora del Oscar a la mejor película en 2015, “Spotlight”, también es suya), que ya nos tiene acostumbrados a un cine que va más allá del mero entretenimiento.


La historia empieza cuando Walter Vale, un profesor de la universidad de Connecticut (interpretado por Richard Jenkins, que recibió una nominación al Oscar, y que gracias a la serie de culto “A dos metros bajo tierra” ya tenía una reputación) se ve obligado a trasladarse a Nueva York para presentar un trabajo académico del que es coautor. De este personaje deducimos, a través de pequeños detalles de la interpretación de Jenkins (de esas en las que las miradas y los gestos son tan importantes como los diálogos), que es un profesor veterano y acomodado, ya viudo, al que no le apetece demasiado cualquier novedad que le obligue a salir de la zona de confort en la que su vida está instalada. Por lo que suponemos que ese viaje a la gran manzana, que inicia completamente desganado, va a significar algo más que un trámite académico.
Y así es. Nada más poner un pie dentro de su piso de Manhattan se encuentra a una chica dándose un baño en su bañera, que se pone a gritar al verle y llama a otra persona que también está en su piso y acude en ayuda de la chica. Tremendo susto para los dos, y además gran sorpresa para el profesor, que no entiende qué es lo que sucede y por qué están aquellas dos personas en su apartamento. Los visitantes a los que alude el título de la película, aunque también se podría interpretar que él es el visitante de la nueva aventura que se abre ante sí, son Tarek (Haz Sleiman), un músico sirio; y Zainab (Danai Jekesai Gurira), una artesana de joyas senegalesa, que están en su casa porque alguien les ha arrendado el apartamento haciéndose pasar por el dueño.
El primer impulso del profesor Vale es simplemente echarlos de su casa sin ir más allá, pero algo en su interior hace que cambie de idea. Así que les convence para que regresen y se queden allí al menos por esa noche, hasta que encuentren un lugar en el que vivir.
A partir de este momento empieza un viaje iniciático, y de autodescubrimiento, para el profesor, que se implica emocionalmente con esa pareja de inmigrantes sin papeles pero que no viven en el mundo de la marginación; son artistas, cultos, y no quieren tener ni causar problemas.
Este contexto le sirve a McCarthy para construir una historia humana y real, en la que se pone de manifiesto la injusticia de la vida de muchos indocumentados que llegan a un lugar dispuestos a ofrecer y a construir una nueva vida, y que por la estúpida burocracia del país de acogida se ven obligados a vivir en continua huida y con los sentidos siempre alerta.
Además, asistimos al florecimiento del cansado profesor que ve como su vida plana y aburrida se vuelve a llenar de ilusión y música (literalmente) gracias a esos dos extraños que le despiertan de su letargo enfrentándole a una realidad que le era completamente ajena, y que le seduce y rebela.
Pero lo curioso de “The visitor” es que, a pesar de que más o menos imagines por dónde va a ir el relato, te sorprende durante el viaje que la película describe. Y eso hay que agradecérselo, además de al guión, al trabajo excelente de unos actores que, sin excepción, desarrollan unas interpretaciones llenas de sutilidad y matices, por otro lado necesarias para plasmar con veracidad una realidad que también es así.
A destacar el trabajo de la actriz y directora Hiam Abbass en el papel de Mouna, la madre de Tarek, que compone, al igual que el resto, un personaje cautivador, fuerte y tierno a la vez. La puntilla definitiva para que Walter Vale vuelva a la vida definitivamente.
Un spoiler, la película no tiene un final feliz y reconfortante, pero cinematográficamente hablando es un final perfecto y de un realismo aplastante. Esto no es Hollywood, es la vida.

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