Y seguimos con los biopic. Esta vez le toca el turno a una ilustre
dama de la historia universal contemporánea. ¡Con ustedes Jacqueline Bouvier...
o Jackie Kennedy.... o Jackie O! Bueno, en realidad vamos a hablar de una de
sus personalidades, en concreto de Jackie Kennedy, porque la película de la que
quiero hablar es "Jackie", el drama dirigido en 2016 por el
chileno-estadounidendse Pedro Larraín (joven director de grandes títulos como
"No", "Neruda" o "El club") que nos abre una
ventana a lo que pudo vivir Jackie Kennedy los días posteriores al asesinato de
su marido JFK el fatídico 22 de noviembre de 1963.
Larraín decide alejarse del biopic tradicional e incluso del
melodrama al uso para centrarse en dar una particular visión de lo que pudieron
haber sido los días posteriores a aquel día de noviembre para la ex primera
dama. Se aleja así de previas incursiones televisivas en el drama Kennedy para
construir un film casi de autor en el que Natalie Portman realiza una soberbia
interpretación que la llevó a estar nominada al Óscar.
El primer contacto que tenemos con esta Jackie de Larraín es
cuando la ex primera dama abre la puerta de su residencia de Hyannis Port
(Massachusetts), lugar de veraneo de la familia Kennedy, a Theodore H. White,
un periodista de la revista Life, días después del asesinato de su marido. Y el
impacto es grande: Natalie Portman no interpreta a Jackie Kennedy, ¡se ha
transformado en ella! El estilo, la mirada, la forma de caminar, la dicción
(esa forma de hablar tan peculiar de la primera dama más popular que ha tenido
Estados Unidos, cadenciosa, lenta, quizás un poco artificial). Aprovecho aquí
para recomendar el visionado del film en versión original, si no os perderéis
el 50% del excelente trabajo de Portman. Lo podréis valorar en su medida si
comparáis la recreación que ha hecho Larraín del tour que Jackie ofrece de la
nueva Casa Blanca que ella misma ha remodelado y que se grabó para la
televisión en 1962. Se puede encontrar el original en YouTube y es increíble la
fidelidad con la que se ha reproducido en la película.
Alrededor de esta mítica entrevista que Jackie coordinó, dirigió y
guió en su momento ( y en la que habló de sus impresiones presentes, y sus
aspiraciones pasadas con bastante sinceridad) se articula la película de Pedro
Larraín. A partir de este inicio prometedor con unos diálogos ágiles e
inteligentes (los de la propia entrevista) pasamos a la Jackie destrozada en el
momento del asesinato de su marido, con mirada perdida en el momento de la jura
del cargo como nuevo presidente de Lyndon B. Johnson, con ella como testigo
vistiendo el icónico Chanel rosa manchado con la sangre y restos de masa
encefálica de John F. Kennedy (que ella se negó a quitarse para que todo el
mundo pudiera ver lo que le habían hecho a su marido) y la sobrecogedora escena
en la que, ya en la soledad de sus aposentos privados en La Casa Blanca, se
desprende por fin de la ropa que ha llevado puesta todo ese día. Genial Natalie
Portman, que consigue transmitir una mezcla de angustia, terror, rabia, miedo,
tristeza que nos humanizan y acercan a la fría señora Kennedy que hemos visto
durante la entrevista al inicio del film.
Otra de las secuencias más conseguidas es, en mi opinión, aquella
en la que se ve a Jackie Kennedy como si fuera una neurótica deambulando ebria
por el vacío despacho oval probándose los diferentes trajes que ha lucido
durante los años de la presidencia de su marido (o los que tenía pensado lucir
en el futuro, más dramático todavía). Un buen recurso a la hora de transmitir
lo que Pedro Larraín y el guionista del film Noah Oppenheim imaginaron
que debió de sentir aquella mujer enfrentada a ese hecho terrible en el que
perdió a su marido, pero que abría también una tremenda incógnita de futuro
ante ella.
Pero a pesar de todo este buen hacer, hay algo en la película que
creo que sí se les puede reprochar. Su facturación y su estética son tan
correctas y elegantes que parece que podría haber sido aprobada por la
mismísima Jackie Kennedy, igualmente siempre tan correcta en sus formas y apariencia.
Y eso nos deja un regusto agridulce, ¿realmente la película aporta algo más al
mítico personaje, aparte de lo que ya sabíamos?

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