martes, 25 de febrero de 2020

INTELIGENCIA ARTIFICIAL, DE STEVEN SPIELBERG


“Inteligencia Artificial” (o AI) es un proyecto largamente acariciado por Stanley Kubrick desde los años 70 (que incluso llegó a contratar como guionista al escritor Brian Aldiss, en cuyo relato corto “Los súperjuguetes duran todo el verano” se basó el guión de la película), en el que involucró en su momento a Steven Spielberg y que acabó dirigiendo únicamente este último, haciéndose cargo incluso del guión (era la segunda vez que firmaba un guión, después del de “Encuentros en la tercera fase”), veinte años después de que Kubrick le contactara.
Se estrenó en el año 2001 (justo al año en que Kubrick imaginó el futuro en su clásico) y desde entonces el mundo ha cambiado muchísimo. Era la época pre-internet, y todavía no existían las redes sociales, ni las plataformas on line de películas y series, ni todavía se había llevado a la pantalla la obra “Yo, robot” de Isaac Assimov, ni, por supuesto, nadie había oído hablar de “Wesworld”.


Así que en el momento de su exhibición, “Inteligencia Artificial” fue una película muy novedosa, que creó muchas expectativas y mucha leyenda a su alrededor, y más teniendo en cuenta  a los dos genios involucrados en su gestación.
La película muestra un mundo inundado por el deshielo de los polos, que el calentamiento global ha provocado, anegando costas y ciudades como Venecia, Amsterdam o Nueva York. Todo ello ha reducido drásticamente los recursos mundiales y ha cambiado la forma de vida de los humanos. Uno de los efectos más importante es que para poder reproducirse, los humanos necesitan permisos de natalidad, que son muy difíciles de conseguir. Unido a esto, se ha creado una clase de robots muy avanzada, llamados Mecas, capaces de emular pensamientos y emociones humanas. La empresa encargada de su fabricación, Cybertronics, ha desarrollado también un prototipo de Meca niño llamado David que aporta una novedad: es capaz de amar. Y le proponen a uno de sus trabajadores probar su creación en el seno de su familia, pues él y su mujer tienen un hijo en animación suspendida hasta que encuentren cura para la enfermedad que padece. A partir de la llegada de David al hogar de sus padres adoptivos los acontecimientos se suceden y la película pasa a combinar el relato de ciencia ficción con la epopeya de un niño-robot y su mascota (un osito de peluche también robótico) en pos de su humanidad y el amor de su mami, con continuas y claras referencias al “Pinocchio” de Carlo Collodi, con Hada Azul incluida y como parte fundamental de la historia.
A pesar de que en su momento no consiguió una buena recaudación en taquilla y de que obtuvo algunas críticas bastante negativas. “Inteligencia Artificial” es una magnífica película en la que se nota la impronta de las dos personalidades responsables de su filmación, aunque es imposible averiguar cuál podría haber sido la aportación personal de uno u otro al guión. El propio Steven Spielberg confesó en una entrevista posterior que muchos críticos se habían equivocado al asociar giros concretos del guión, o determindas escenas, o él o a Kubrick. De hecho, “los treinta o cuarenta primeros minutos de la película están filmados tal cual el guión de Stanley, así como los últimos veinte minutos. Y también la idea de Teddy, el osito de peluche que acompaña a David, era de Stanley”. Y la mayoría de los críticos pensaron que eran aportaciones de Steven Spielberg al guión original, por lo cual acusaron a la historia de tener pasajes demasiado azucarados o sentimentales, cosa que se suele atribuir en ocasiones al cine de Spielberg.
Sea como sea, a estas alturas “Inteligencia Artificial” está considerada ya como un clásico contemporáneo que trasciende la etiqueta de cine de ciencia ficción o futurista. Es simplemente una buena e interesante historia filmada de manera soberbia en la que todos los detalles están cuidados en extremo y de una manera intencionada (algo también habitual en el cine de los dos directores) con unos efectos digitales espectaculares a cargo de Industrial Light & Magic, que se ocupó del impecable diseño de los robots de la película. Además, Spielberg se rodeó de un excelente equipo de profesionales: la experta social en robótica Cynthia Breazeal como consultora técnica durante el rodaje, Bob Ringwood fue el diseñador de vestuario y responsable de escenarios como la Rouge City, y el reputado compositor John Williams creó una de las bandas sonoras más bellas de los últimos tiempos (aunque también una de sus composiciones más infravaloradas), llena de matices para acompañar las vicisitudes por las que atraviesa el protagonista durante el relato.
Mención aparte merece la interpretación de la entonces estrella infantil Haley Joel Osment. Recién salido de “El sexto sentido” (donde interpreta a otro niño inquietante), ejecuta aquí un gran trabajo como actor, lleno de sensibilidad y a la altura de las exigencias de su personaje, para dar vida a un niño robot que lo único que desea es ser un niño de verdad y que su mamá lo quiera. Lo acompañan en su aventura Frances O’Connor y Sam Robards como sus padres (también excelentes) y, sobre todo, Jude Law en el papel del Meca gigoló Joe. Al igual que hace Osment, Law se transmuta en un auténtico robot que, a veces, ni parpadea.
Por si todavía no habéis visto la película, y sin ánimo de destripar giros de guión, sólo comentaré sobre el final que fue otro de los motivos para las malas críticas por su aparente final feliz made in Hollywood, demasiado almibarado. Pero, en mi opinión, nada más lejos de la realidad. Creo que es uno de los finales felices más tristes de la historia del cine.
Como curiosidad, señalar que es la última gran producción de cine donde aún se pueden ver las Torres Gemelas del World Trace Center en Nueva York, incluso en un contexto de dos mil años en el futuro, debido a que su estreno en Estados Unidos fue el día 26 de junio, dos meses y medio antes de la destrucción de los edificios causada por los atentados del 11 de septiembre de 2001.

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