martes, 25 de febrero de 2020

GIA, DE MICHAEL CRISTOFER


El próximo mes de noviembre de 2018 se cumplirán treinta y dos años de la muerte de la que fue primera súper modelo norteamericana mucho antes de que existiera el concepto de top model, tan trillado hoy día y tan fácilmente aplicado a diestro y siniestro en el mundo de la moda.
Se llamaba Gia Marie Carangi aunque ha pasado a la historia simplemente como Gia, tal y como fue conocida también durante su corto reinado como top, antes de que diferentes patologías asociadas al VIH que padecía acabaran con su vida a la temprana edad de veintiséis años, en noviembre de 1986.

La película de la que os voy a hablar narra el auge y caída de esta modelo. “Gia” se estrenó en el canal de televisión por cable HBO en 1998, a los doce años de su muerte, es decir, cuando toda su historia estaba aún muy reciente y la mayoría de sus coetáneos, por no decir todos, tenían fresca su memoria. Porque, independientemente de su valor como modelo (que lo tenía, y mucho), parece ser que Gia dejó un gran recuerdo como persona en la gente que la trató.
En el filme se dan cita algunos nombres muy conocidos actualmente que en aquel momento eran valores en alza. Para empezar está dirigida por el guionista, director y actor Michael Cristofer (que contaba ya con un premio Pullitzer y un Tony por su obra “The Shadow Box”, representada en Broadway en 1977), muy popular últimamente por ser uno de los actores de las series “Mr. Robot” y “Ray Donovan”, en ambas interpretando roles importantes. “Gia” fue su segunda película como director, así como la segunda que rodaba para televisión. Además, el director de fotografía fue Rodrigo García, hijo del insigne Gabriel García Márquez y actualmente gran director de cine, con títulos en su haber como “Cosas que dirías con solo mirarla”, “Nueve vidas” o “Passengers”. Una de las co protagonistas de “Gia” es la actriz Elizabeth Mitchell, la que fuera la doctora Juliet Burke en la celebérrima serie “Perdidos”. Y, por supuesto, no podemos olvidar a la protagonista absoluta de la cinta, la actriz Angelina Jolie, en un rol que le iba como anillo al dedo por su carácter rebelde y extremo, un poco como la auténtica Gia. Para Jolie éste fue su primer papel importante y realmente la catapultó a la fama, recibiendo premios como el Globo de Oro y el Premio del Sindicato de Actores a la Mejor Actriz de Televisión. Era la época de la Angelina Jolie de estética gótica y oscuro físico lleno de tatuajes, a años luz de su perfecta imagen de amante esposa y madre de familia numerosa, y actriz perfecta embajadora de causas humanitarias por todo el mundo.
Sin embargo, y a pesar de las buenas críticas recibidas en su momento, un gran número de los conocidos de la auténtica Gia, y también de su numerosa legión de fans, no estuvo de acuerdo con la historia que narraba la película y, sobre todo, con cómo la contaba. Y menos con la imagen que se dio de su protagonista, demasiado simplista y plana, que presentaba a la modelo como una especie de chica desequilibrada y agresiva que lo único que buscaba en la vida era que la quisieran y la aceptaran. Seguramente haya algo de cierto en esos hechos que nos narra “Gia” durante algo más de dos horas. Pero lo que también parece que es verdad es que la auténtica Gia Carangi tuvo una personalidad poliédrica llena de facetas que la convertían en alguien fascinante cuando entrabas en su órbita.
Diferente a las modelos que estaban de moda cuando ella apareció en escena en Nueva York en 1977 de mano de la agencia Wilhelmina (dirigida por la ex modelo de origen alemán Wilhelmina Cooper, interpretada en la película por Faye Dunaway), las típicas rubias californianas imagen de salud y white power, Gia aportó una belleza castaña y mediterránea, fruto de la sangre galesa, irlandesa e italiana que corría por su venas, que proyectaba sexualidad y provocación sin proponérselo. En realidad fue la más grande de las tops de finales de los años 70 siendo la más anti modelo de todas. Y eso que el Nueva York de esa época era un hervidero de creatividad, libertad y sexo que daba rienda suelta a todas esas ganas de vivir y disfrutar del hedonismo en locales como Studio 54 y Mudd Club, los templos de la beautiful people de la época y en los que Gia se inició en los que finalmente sería su perdición, la cocaína y la heroína.
Pero antes de que llegara su decadencia ya entrados los años 80, Gia tuvo tiempo de trabajar para todas las grandes firmas de alta costura, aparecer en la portada de todas las revistas imprescindibles del momento y ser fotografiada por auténticos tótems de la fotografía de moda, como Richard Avedon, Francesco Scavullo, Oliviero Toscani, Arthur Elgort o Chris Von Wangenheim, sólo por nombrar algunos. Muchos de ellos se convirtieron en sus amigos personales y la escogían como protagonista de sus reportajes y campañas por su modo de posar creativo y salvaje, absolutamente desinhibido y camaleónico. Según la opinión de grandes expertos, Gia tenía un carisma y una creatividad que no se había visto hasta entonces en una modelo, pues más que posar se podía decir que interpretaba a un personaje diferente en cada sesión de fotos. Muchos opinan que de haber seguido viva, su marcada personalidad la habría convertido en una gran poetisa, actriz o directora de cine. El mundo de la moda era demasiado encorsetado para ese carácter inquieto y torturado.



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