La actriz Patricia
Clarkson, una de las grandes secundarias del cine norteamericano contemporáneo,
es la protagonista absoluta de esta película del año 2014 rodada por la directora
canadiense (de origen sirio/palestino) Ruba Nadda, basada en su propio guión.
En “Cairo Time”
Clarkson encarna a Juliette Grant, editora de una revista de moda de Nueva York
que viaja a El Cairo para reunirse allí con su marido (Tom McCamus) y pasar juntos
unos días de vacaciones en Egipto. Él trabaja para la ONU pero está retenido en
un campo de refugiados en Gaza, y ante la imposibilidad de recoger a su mujer,
envía a su mejor amigo Tareq (Alexander Siddig) para que se ocupe de llevar a
Juliette a su hotel y la acompañe durante su ausencia.
A partir de aquí
asistimos a un auténtico romance que se cuece a fuego lento ante nuestros ojos,
empezando por complicidades entre humo de cigarrillos, miradas fugaces y
confesiones vitales que nos convierten en los perfectos cómplices de esta
pareja madura a los que la atracción les coge desprevenidos por completo.
Al visionar “Cairo
Time”, es inevitable acordarnos de otras películas que cuentan historias
similares, como podrían ser “Los puentes de Madison” o “Lost in translation”.
Con la primera tiene en común el romance de dos personas que ya tienen una vida
satisfactoria en apariencia pero a los que la atracción arrastra hacia una
historia de amor, en el caso de “Cairo Time” de pasión un poco más contenida. Y
con el filme de Sofia Coppola, lo que las hermana es la peripecia vital de una
mujer sola en un país extraño, de costumbres diferentes, que tiene que hacer
frente a la ausencia de su pareja (en el caso de Juliette, ese marido que tiene
que llegar en algún momento pero que nunca llega) y que se enreda en una
historia que le sirve como espejo para poner de relieve esa soledad y
melancolía que siempre la acompañan.
Hay que señalar que,
a pesar del buen hacer de su directora, la película adolece de cierto tono de
publirreportaje turístico, quizá a causa de la preciosista fotografía de las
pirámides de El Cairo, obra de Luc Montpellier (responsable de la imagen de,
entre otras, “Aritmética emocional” y “Lejos de ella”) y la romántica banda
sonora de Niall Byrne. Sin embargo, el soberbio trabajo de los dos
protagonistas, especialmente de Patricia Clarkson, salva la película y la
convierte en un buen filme intimista acerca de la peripecia vital de una
acomodada mujer dispuesta a correr riesgos y conocerse mejor a través de sus
emociones.
Y es que tengo que
reconocer que esta actriz oriunda de New Orleans es una de mis debilidades
cinematográficas. Todavía no la he visto en alguna interpretación que no me
haya gustado. Además, tiene curiosas conexiones con Barcelona, mi ciudad, pues
ha trabajado tres veces con Isabel Coixet: en “Elegy”, “Aprendiendo a conducir”
(ambas con Ben Kingsley como compañero de reparto), y en la reciente y premiada
“La librería”. Y también es una de las actrices de “Vicky, Cristina, Barcelona”
de Woody Allen, rodada en la ciudad condal. Independientemente de estas
trivialidades, Patricia Clarkson es una excelente intérprete con esa capacidad
de transmitir propia de las grandes y el carisma y la fotogenia de las estrellas
clásicas del Hollywood dorado. Por otro lado, a menudo se permite el lujo de
escoger proyectos siempre interesantes por una u otra razón y hemos podido
disfrutar de su presencia en títulos que ya forman parte de la memoria cinéfila,
como “Los intocables”, “La Milla Verde”, “Lejos del cielo”, “Buenas noches y
buena suerte” o “Shutter Island”. Casi nunca en primera fila, pero siempre como
pieza fundamental del puzzle que, al fin y al cabo, es una película. Viendo su
nombre dentro de cualquier reparto ya sé, de antemano, que en esa historia hay
algo que me va a gustar.

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