Esta película
se estrenó en el año 1988 y es el origen de la saga del Muñeco Diabólico, que
se compone de (hasta el momento) siete películas, la última de ellas estrenada
el pasado 2017.
El personaje
protagonista es el muñeco Chucky, obra del guionista, productor y director de
cine estadounidense Don Mancini, el cerebro que hay detrás de todas las
aventuras de este personaje que ha pasado ya a formar parte de la iconografía
de las películas de terror, junto a otros clásicos como Norman Bates o Freddy
Krueger.
“El Muñeco
Diabólico” (originalmente “Child’s Play” o Juego de Niños, título que me parece
infinitamente más terrorífico y sugerente) se ha convertido en una pequeña
película de culto que reúne los requisitos del buen cine comercial
(sinceramente, con un pie en la serie B) y que recoge el testigo del trillado,
aunque eficaz, arquetipo del niño o muñeco malvado.
La película
empieza con una escena típica del cine de acción de los 80: un policía (Chris
Sarandon, el inolvidable Príncipe Humperdinck de “La Princesa Prometida”)
persigue a un famoso asesino, Charles Lee Ray (interpretado por el intenso actor
Brad Dourif, al que hemos visto en joyas como “Alguien voló sobre el nido del
cuco”, “Dune” o “Terciopelo Azul”; y más recientemente en “El Señor de los
Anillos”), que se mete en una tienda de juguetes durante su huida. Allí dentro
se produce un tiroteo y el asesino es alcanzado por una bala, pero antes de
exhalar el último suspiro tiene tiempo de recitar un ancestral hechizo con el
que consigue traspasar su alma al interior de uno de los famosos “Good Guy”
(literalmente, Buen Chico), los muñecos de moda del momento.
Todo se
complica cuando el niño Andy Barclay insiste a su madre para que le consiga el
popular y carísimo muñeco que se ha puesto de moda entre los niños y del que
Andy es súper fan. Incluso los cereales que toma en el desayuno son de Good
Guy. No hace falta ser muy listo para suponer que justo el muñeco que la madre
de Andy (interpretada por la actriz Catherine Hicks, que ha desarrollado su
trabajo sobre todo en televisión) le
consigue en el mercado de segunda mano es justamente el que contiene el alma del
cruel Lee Ray. A partir de aquí, el asesino tratará de seguir satisfaciendo sus
instintos criminales sirviéndose para ello del muñeco Chucky.
“El Muñeco
Diabólico” es una entretenida película con un previsible (aunque hábil) guión
en el que todo el peso recae en el muñeco Chucky, presente durante todo el metraje
de la cinta. El guión de Don Mancini (co escrito junto a John Lafia) retoma ese
miedo ancestral a los muñecos que todos hemos sentido en alguna ocasión siendo
niños, pues siempre es inquietante la figura de un muñeco hecho a imagen y
semejanza de un niño incluso en el tamaño.
Sin duda,
esta primera película de la ingenua franquicia terrorífica de Muñeco Diabólico
es la mejor de todas, a pesar de la falta de toques de cómico humor negro que
tienen sus secuelas.
Sin embargo,
“Muñeco Diabólico” no deja de tener su punto de sátira y mala baba. Para
empezar, su protagonista es una caricatura de los famosos muñecos de los años 80,
como My Buddy o las Muñecas Repollo. El resultado fue una película que obtuvo
críticas muy favorables y unos más que suculentos ingresos de taquilla
(recuperó con creces el presupuesto invertido en su producción).
Como
curiosidad hay que decir que después del estreno, grupos de padres y madres se
manifestaron frente a las oficinas de la Metro Goldwyn Mayer (la productora de
la película) en señal de protesta a una película que consideraban que podía
incitar a los niños y niñas a cometer actos violentos. Ante esta posible avalancha
de mala prensa, la Metro renunció a sus derechos de franquicia, que fueron
adquiridos por la Universal.

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