Me gustaría hablar de esta modesta
película que se convirtió en toda una sensación en el año 1992 del siglo
pasado, todo un logro si tenemos en cuenta que fue simplemente gracias al boca
a boca, en una época en la que no existían los smartphones ni las redes
sociales.
Pero una vez que visualizas “Tomates
verdes fritos” entiendes por qué llegó a mantenerse más de una año
ininterrumpidamente en cartel, cosa que actualmente es imposible, aunque sólo
sea porque las actuales leyes de mercado lo impidan, incluso con auténticos blockbuster.
Su director, Jon Avnet, había sido el
productor de “Risky Business” (la peli de culto de Tom Cruise) y se había
iniciado en el negocio dirigiendo cinco años antes un telefilme protagonizado
por Farrah Fawcett. Pero fue con la adaptación a la gran pantalla de la novela
de Fannie Flagg (autora también del guion junto a Carol Sobieski) que consiguió
el reconocimiento de crítica y público, lo que le permitiría seguir dirigiendo
o produciendo películas tan interesantes como “Cisne negro” (2010), por nombrar
alguna de sus últimas producciones.
Sin embargo, y sin menospreciar su buen
hacer detrás de las cámaras, “Tomates verdes fritos” fue un éxito gracias al
fantástico cuarteto de actrices que consiguió trasladar de forma mágica a la
pantalla a las protagonistas de la novela: la veterana Jessica Tandy (que ya
había ganado su primer Oscar dos años antes, a los ochenta años, por “Paseando
a Miss Daisy”), la camaleónica Kathy Bates (que ya había conseguido el favor
del público con su interpretación en “Misery”, adaptación de la novela de
Stephen King el año anterior), y las jóvenes Mary Stuart Masterson y
Mary-Louise Parker (actualmente conocida en el mundo de las series de culto por
la irreverente “Weeds”). Estas cuatro intérpretes (vamos a decirlo, sabiamente dirigidas
por Jon Avnet) consiguen recrear las personalidades de, respectivamente, Ninny,
Evelyn, Idgie y Ruth de tal manera que logran introducirse en el corazón de los
espectadores y, aún hoy, casi treinta años después de su estreno, hay que
reconocer que “Tomates verdes fritos” mantiene ese encanto y frescura que la
convierte en un film atemporal que hace que cada visionado sea una delicia
(algo parecido a lo que sucede con “Pretty Woman”, más o menos de la misma
época y que sigue siendo líder de audiencia cada vez que se repone en
televisión).
Para esta historia de superación y amor,
con ingredientes de lesbianismo, derechos civiles y feminismo (más evidentes en
la novela que en el filme) Jon Avnet supo rodearse de un gran equipo de
profesionales, como Geoffrey Simpson para la fotografía y Thomas Newman para la
banda sonora (su melancólica y evocadora partitura es también una delicia).
Esta labor de equipo consiguió que “Tomates verdes fritos” disparara las ventas
de la novela, publicada en 1987, y también que el filme se quedara para siempre
en el imaginario sentimental de muchos espectadores.

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