lunes, 9 de marzo de 2020

NACIDO EL 4 DE JULIO, DE OLIVER STONE


El año 1990 será siempre en mi memoria el año en que me hice fan de Tom Cruise, aunque luego haya dejado de serlo en bastantes ocasiones. Hasta entonces, Tom era para mí aquel actor súper fotogénico que ya había protagonizado algunas cintas interesantes pero, sobre todo, y me imagino que a su pesar, era un poster mil veces visto en las carpetas de la mayoría de mis amigas, por aquella época adolescentes. Es decir, Tom Cruise era Top Gun, ni más ni menos. Era un chuleta con una cazadora de aviador guapísima y las gafas de sol Ray Ban que acababa liándose con la profe Kelly McGillis por la que todos suspirábamos, en aquella fábula sobre aviadores militares con estética de videoclip.

Pero una tarde de marzo de 1990 esa imagen estereotipada saltó por los aires cuando decidí ir al cine con mis amigos del instituto a ver la última de Oliver Stone que (cómo era posible???!!!) estaba protagonizada por Tom Cruise, el ídolo de las nenas. Ya había visto la primera incursión del director sobre aquel infierno que fue la guerra de Vietnam, titulada “Platoon” (1986) y sabía que el propio Stone había participado en aquella masacre perpetrada por los Estados Unidos; que él mismo era un activista en contra de la guerra y que no tenía inconveniente en mostrar sus horrores para concienciar al espectador. Pero no sabía nada de Ron Kovic, el nombre del protagonista, también un ex combatiente de Vietnam y pacifista, ni de su libro de memorias “Nacido el 4 de julio” en el que está basado la película. De hecho, el propio Kovic firma el guion con Oliver Stone y estuvo con el director y Tom Cruise durante el rodaje, asesorando al actor y muy pendiente de todos los detalles. Incluso realizó un breve pero intenso cameo como un excombatiente de la segunda guerra mundial que desfila el cuatro de julio.
En aquella butaca del barcelonés cine Vergara (hoy ya desaparecido), un nuevo actor apareció ante mis ojos haciéndome olvidar todas las ideas preconcebidas que tenía sobre él y consiguiendo que me emocionara profundamente con la historia de “Nacido el 4 de julio” y, por supuesto, con su interpretación. Y creo que no fui el único, pues ganó un Globo de Oro, estuvo nominado a los Oscar, y consiguió el respeto unánime de la industria del cine, obteniendo las mejores críticas de toda su carrera (hasta el día de hoy sigue sin tenerlas mejores).
Hay que reconocer que Tom Cruise realiza un trabajo actoral de gran envergadura, transformándose en Ron Kovic y dándole vida desde que es un adolescente en Massapequa, un idílico pueblo de Nueva York en el que vive deslumbrado por el americanismo anticomunista de aquella época, hasta su vuelta de Vietnam en 1968 con una lesión medular y su posterior transformación en un activo líder antibelicista en silla de ruedas.
Bajo la sabia y férrea dirección de Oliver Stone, Tom Cruise supo estar a la altura de la película y fue capaz de ofrecer una interpretación sensible y llena de matices de la que es imposible escapar. Los cerrados planos de Stone sobre su rostro no dejaban lugar a engaños ni trampas interpretativas y el montaje de David Brenner y Joe Hutshing (también ganadores del Oscar al mejor montaje) y la emotiva y evocadora banda sonora de John Williams contribuyeron a que “Nacido el 4 de julio” se convirtiera en el gran acontecimiento cinematográfico de 1989 en los premios de la Academia, a pesar de que sólo ganó dos Oscar (mejor director y mejor montaje) de los ocho a los que optaba. Pero no importó, la película fue unánimemente reconocida por crítica y público y Ron Kovic volvió a la primera línea de la actualidad continuando con la difusión de su mensaje pacifista con declaraciones como: “He llegado a creer que no hay nada más aterrador en la vida de los seres humanos que la guerra, y nada más importante para aquellos de nosotros que han tenido que compartir su terrible verdad”.
En 1993 Oliver Stone cerraría lo que es su trilogía sobre la guerra de Vietnam con la película “El cielo y la tierra”, basada en los libros escritos por la vietnamita Le Ly Hayslip, en los que cuenta sus experiencias durante y después de la guerra.






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