No suelo
reseñar películas tan recientes en el blog (“The wife”, en su título original,
es un estreno de 2018), pero después de verla no puedo menos que escribir sobre
esta excelente película dirigida por el sueco Björn Runge, un prolífico
director en su país pero un desconocido en el nuestro.
“The wife”,
basada en la novela de título homónimo de Meg Wolitzer y con guion de Jane
Anderson, es una coproducción entre Suecia, Reino Unido y Estados Unidos y ha
sido rodada en inglés, contando con unos intérpretes de excepción para los
papeles protagonistas: Glenn Close y Jonathan Pryce (y también en un papel
secundario, pero definitivo, el veterano Christian Slater, rescatado de los 80
por la serie de culto “Mr. Robot”), que parecen haber nacido para dar vida al
escritor Joe Castleman y su esposa Joan.
El relato
empieza mostrando la apacible cotidianidad de un maduro escritor y su mujer, que
se ven sorprendidos por una llamada telefónica desde Estocolmo para comunicarles
que a Joe se le ha otorgado el Premio Nobel de Literatura de ese año. Ambos
reciben la noticia con gran alegría… aunque algo en la actitud de la esposa nos
hace pensar que no todo es tan diáfano como parece. Y así es. Lo dejo aquí
porque no quiero destripar el argumento y os animo a acudir a las salas de cine
e imbuiros en este relato que transcurre en la fría Suecia.
“The wife” es,
también, una master class de la actriz Glenn Close en cuanto a interpretación
se refiere, pues compone un personaje lleno de fuerza con apariencia de
fragilidad. La contención emocional de Joan, su personaje, hacía necesario que
una gran actriz la interpretase. Y Glenn Close nos ofrece una actuación llena
de matices, en la que no hay que perder de vista su personal rostro, pues las
miradas o los movimientos de su boca o sus cejas son tan o más importantes que
los diálogos.
Por su lado,
el gran Jonathan Pryce (estupendo actor galés protagonista de la mítica
“Brazil” de Terry Gillian, y conocido por el gran público del nuevo milenio
gracias a “Juego de Tronos”) está perfecto como el pusilánime y egocéntrico Joe
Castleman, en una soberbia interpretación.
En definitiva,
una buena adaptación y, como resultado, una buena película que recomiendo
encarecidamente.

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