A pesar de la publicidad que recibió esta
película en el momento de su estreno, con grandes frases tipo “obra magna de
Richard Linklater” o “película sin precedentes, descomunal, inquietante y
conmovedora”, “Boyhood es una de las películas más sencillas que he visto. Su
argumento es, simplemente, la vida cotidiana de una familia a través de los años.
La particularidad del director fue
utilizar al mismo equipo de actores para rodar las vicisitudes de los
personajes. Así que empezó a rodar la película en el año 2002 y la acabó doce
años después, estrenándola en 2014.
La verdad es que “Boyhood” no es el primer
experimento cinematográfico de su director. Richard Linklater ya nos tenía acostumbrados
a este tipo de juegos temporales con la trilogía de culto (que muchos
consideran su auténtica obra maestra) “Antes del amanecer” (1995), “Antes del
atardecer” (2004) y “Antes del anochecer” (2013), que cuenta la evolución de un
hombre y una mujer que empiezan una relación durante un viaje cuando son unos
jóvenes recién salidos de la adolescencia, y que se prolongará de forma
intermitente durante casi veinte años. Linklater utilizó en estas películas a
los mismos actores protagonistas, Ethan Hawke y la francesa Julie Delpy. Algo
parecido hizo también en aquel tiempo el francés Cédric Klapisch con “Una casa
de locos” (2002), “Las muñecas rusas” (2005) y “Nueva vida en Nueva York”
(2013), en las que siguió las vicisitudes de los mismos personajes durante once
años.
Pero la verdad es que “Boyhood” es algo
único y su originalidad arrasó en todos los festivales en los que se presentó y
obtuvo críticas excelentes, convirtiéndose casi instantáneamente en un moderno
film de culto.
Aparte de lo novedoso de su filmación, el
éxito de la película es indisociable del buen trabajo de sus actores, todos
bendecidos, por lo menos en este film, con el don de la naturalidad, empezando por
el niño protagonista (Ellar Coltrane), el auténtico hilo conductor de la cinta,
y la que hace de su hermana en la
ficción (Lorelei Linklater, hija del director), sin olvidarnos de los
excelentes Ethan Hawke (actor fetiche de Linklater) y Patricia Arquette, que
interpretan a los padres de ambos.
Pero como todo lo que sube baja, el paso
del tiempo ha puesto a esta película en su sitio y la naturalidad y sencillez
en cuanto al guion que dejó a los críticos tan sorprendidos en su día se ha
vuelto hoy en contra de “Boyhood” y se han alzado voces que la acusan de
“demasiada sencillez” y de que “en realidad no pasa nada”, y que “Linklater
había desprovechado” el ingente material rodado durante esos doce años en los
que tuvo el privilegio de contar con los mismos actores para dar forma a su
historia.
La realidad es que muchas de esas voces
dicen la verdad. En “Boyhood” no hay grandes dramas, ni sustos, ni
persecuciones, ni asesinatos, ni golpes de efecto… Pero esa es su magia,
precisamente. Es una película que lo único que pretende es acercarnos a la vida
de los miembros de una familia y las personas que se interrelacionan con ellos
a lo largo de doce años de su vida, con sus momentos alegres, tristes,
dramáticos o hilarantes. Vamos, la vida en estado puro. Pero Linklater no
pretende enganchar a ningún espectador ni atraer a nadie en especial. Él ha
filmado esta historia (de la cual firma también el guion y la producción) y ha
condensado todo ese material en 159 minutos que a mí me parecen cine en estado
puro.
“Boyhood” emocionará a todos aquello y
aquellas a los que les guste salir del cine sintiendo que no sólo se han
evadido por unas horas de su realidad, o pasado un buen rato. Cuando yo acabé
de verla pensé que Linklater me había emocionado
profundamente. ¿Qué mejor que eso?

No hay comentarios:
Publicar un comentario