lunes, 9 de marzo de 2020

BOYHOOD, DE RICHARD LINKLATER


A pesar de la publicidad que recibió esta película en el momento de su estreno, con grandes frases tipo “obra magna de Richard Linklater” o “película sin precedentes, descomunal, inquietante y conmovedora”, “Boyhood es una de las películas más sencillas que he visto. Su argumento es, simplemente, la vida cotidiana de una familia a través de los años.
La particularidad del director fue utilizar al mismo equipo de actores para rodar las vicisitudes de los personajes. Así que empezó a rodar la película en el año 2002 y la acabó doce años después,  estrenándola en 2014.

La verdad es que “Boyhood” no es el primer experimento cinematográfico de su director. Richard Linklater ya nos tenía acostumbrados a este tipo de juegos temporales con la trilogía de culto (que muchos consideran su auténtica obra maestra) “Antes del amanecer” (1995), “Antes del atardecer” (2004) y “Antes del anochecer” (2013), que cuenta la evolución de un hombre y una mujer que empiezan una relación durante un viaje cuando son unos jóvenes recién salidos de la adolescencia, y que se prolongará de forma intermitente durante casi veinte años. Linklater utilizó en estas películas a los mismos actores protagonistas, Ethan Hawke y la francesa Julie Delpy. Algo parecido hizo también en aquel tiempo el francés Cédric Klapisch con “Una casa de locos” (2002), “Las muñecas rusas” (2005) y “Nueva vida en Nueva York” (2013), en las que siguió las vicisitudes de los mismos personajes durante once años.
Pero la verdad es que “Boyhood” es algo único y su originalidad arrasó en todos los festivales en los que se presentó y obtuvo críticas excelentes, convirtiéndose casi instantáneamente en un moderno film de culto.
Aparte de lo novedoso de su filmación, el éxito de la película es indisociable del buen trabajo de sus actores, todos bendecidos, por lo menos en este film, con el don de la naturalidad, empezando por el niño protagonista (Ellar Coltrane), el auténtico hilo conductor de la cinta,  y la que hace de su hermana en la ficción (Lorelei Linklater, hija del director), sin olvidarnos de los excelentes Ethan Hawke (actor fetiche de Linklater) y Patricia Arquette, que interpretan a los padres de ambos.
Pero como todo lo que sube baja, el paso del tiempo ha puesto a esta película en su sitio y la naturalidad y sencillez en cuanto al guion que dejó a los críticos tan sorprendidos en su día se ha vuelto hoy en contra de “Boyhood” y se han alzado voces que la acusan de “demasiada sencillez” y de que “en realidad no pasa nada”, y que “Linklater había desprovechado” el ingente material rodado durante esos doce años en los que tuvo el privilegio de contar con los mismos actores para dar forma a su historia.
La realidad es que muchas de esas voces dicen la verdad. En “Boyhood” no hay grandes dramas, ni sustos, ni persecuciones, ni asesinatos, ni golpes de efecto… Pero esa es su magia, precisamente. Es una película que lo único que pretende es acercarnos a la vida de los miembros de una familia y las personas que se interrelacionan con ellos a lo largo de doce años de su vida, con sus momentos alegres, tristes, dramáticos o hilarantes. Vamos, la vida en estado puro. Pero Linklater no pretende enganchar a ningún espectador ni atraer a nadie en especial. Él ha filmado esta historia (de la cual firma también el guion y la producción) y ha condensado todo ese material en 159 minutos que a mí me parecen cine en estado puro.
“Boyhood” emocionará a todos aquello y aquellas a los que les guste salir del cine sintiendo que no sólo se han evadido por unas horas de su realidad, o pasado un buen rato. Cuando yo acabé de  verla pensé  que Linklater me había emocionado profundamente. ¿Qué mejor que eso?



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