martes, 25 de febrero de 2020

ÚLTIMOS DÍAS EN EL DESIERTO, DE RODRIGO GARCÍA


A veces, ocurren cosas incomprensibles en el mundo del espectáculo. Más concretamente en el de los estrenos cinematográficos. Y con “Últimos días en el desierto (Una historia del Nuevo Testamento)” ha sucedido algo así: estuvo tan poco tiempo en cartel en nuestro país que pasó sin pena ni gloria por nuestras pantallas. Por lo que yo creo que merece la pena que hablemos de ella.
Para comenzar, diremos que ésta es la última película del colombiano Rodrigo García (hijo del genial escritor Gabriel García Márquez y director de cintas como “Cosas que dirías con solo mirarla” o “Nueve vidas”, entre otras. Anteriormente había dirigido algunos episodios de series hoy de culto como “Los Soprano” o “A dos metros bajo tierra”). Se estrenó en el año 2015 y hasta la fecha es el último acercamiento cinematográfico a esa interesante y controvertida figura que es Jesucristo.


Rodrigo García ya nos lo deja claro en el título. Su película no es un biopic de Jesús, sino que nos va a relatar esos cuarenta días que el Hijo de Dios hecho Hombre pasó en el desierto lleno de dudas y buscando respuestas; en definitiva preparándose para la descomunal misión para la que estaba destinado inevitablemente….o no.
Bajo los rasgos de un muy convincente Ewan McGregor (genial ese elección de casting en el que Jesús tiene el rostro del protagonista de Trainspotting. No se me ocurre mejor forma de hacer terrenal al hijo de Dios), Rodrigo García nos propone su particular visión de esos días en los que, según relata el Nuevo Testamento, Jesús estuvo vagando por el desierto clamando respuestas al cielo y soportando las diferentes tentaciones a las que el diablo le sometió, proponiéndole escapar a ese final al que estaba destinado ya desde su concepción.
Pero, a pesar del tema y lo trillado de la historia, “Últimos días en el desierto” no es una película comercial ni para el gran público. Es un film para aquellos que están interesados en la figura de Jesucristo, y aun así con pegas, porque este Jesús que nos presenta Rodrigo García no tiene nada que ver con el de Mel Gibson, ni tan siquiera con el de Scorsese (aunque a este último nos pueda remitir en cierta manera, sobre todo en su componente humano, como contraposición a lo divino).
La película de Rodrigo García es una película para paladear con tiempo y con ganas, ganas de sumergirse en ese desierto inmenso en el que un Jesús que no tiene nada de divino vaga a veces cansado, otras desesperado,… pareciera que intentando averiguar por qué está dónde está.
Lo mejor es enfrentarse al filme libres de prejuicios (sea cual sea nuestra fé o nuestra creencia) y con la mente abierta dispuestos a emprender un viaje espiritual lleno de paisajes inconmensurables y áridos, y silencios que se podrían describir con los mismos adjetivos. Todo ellos salpicado de diálogos que parecen pequeñas enseñanzas. Sin olvidar, por supuesto, la banda sonora firmada por los músicos Danny Bensi y Saunder Jurriaans, de gran belleza y complemento ideal para la angustia vital de Jesús en el desierto.
Un momento a destacar en el guión es el encuentro del protagonista con una familia formada por un padre, una madre enferma y un hijo que quiere escapar de ese entorno para conocer otro mundo. Toda una metáfora. Y, sobre todo, el recurso que ha elegido Rodrigo García de hacer que el diablo sea un desdoblamiento del mismo Jesús, con sus mismos rasgos. Dentro de nuestra cultura contemporánea me parece una elección acertadísima y mucho más efectiva que lo que hemos visto en otras adaptaciones de esta historia.
Y, como remate, la escena final. Excelente y creativo recurso del director para traer la historia que nos acaba de contar a nuestros días.

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